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Tony Santos recuerda una extensa entrevista con Manuel Seoane cuando regenteaba el predio de Quilmes. Ídolo de Independiente y máximo goleador del amateurismo, la "Chancha" cuenta cómo llegó al Rojo y anécdotas de su brillante carrera. 

Tiene ahora 66 años. Hace 35 que dejó de jugar al fútbol. Pero nadie lo olvida. Allí vive su recuerdo vital, a lo largo del tiempo y a través de sus hazañas. 

Está en el feudo de Quilmes, es el Capo del Camping que tiene Independiente en la Costanera.

Manuel gambetea a las entrevistas periodísticas. Acusa avanzadas manifestaciones de modestia. Prefiere vivir en las sombra. No quiere vidriera. Siempre fue así. Cuestión de estilo.

Otros corren de un canal de televisión a otro y de una redacción a otra para contar sus añejas proezas, puro narcisismo. 

Aunque siendo chúcaro todavía la popularidad sigue siendo conmovedora. En el camping, cada domingo, cada feriado, cada día común, los abuelos que traen a sus nietos, lo señalan como un héroe, contándoles sus hazañas.

A Seoane le da un poco de pudor ser motivo de tanta admiración.

El “Negro” nació en el año 1902, en Piñeiro. Era el más chico de tres hermanos. 2 varones y una chica. El Padre trabajaba de fundidor, desde que vino de España, su patria. 

Cuando era chico trabajó en la cristalería Papini, de Avellaneda. Ahí se dio cuenta, contemplando a los maestros artesanos y después tratando de imitarlos, que no es cuestión de soplar y hacer botellas … también eso suele pasar en el fútbol. 

El primer potrero de Seoane y demás cebollitas del barrio, fue uno frente a la cancha actual del Club. Además de campo a granel para jugar, tenían un charco para ensuciarse. Se lo conocía como la Laguna de los Ohaco.

Manuel jugaba en el club Sudamérica, cuya sede era móvil, pues se reunían en cualquier esquina. Pero en 1915 el Club se fundió, cuando se quedaron sin pelota. Una número 5 costaba 3 pesos. Los tiempos económicos venían mal rumbeados y no podían reunir tanto dinero.

Se hubieran salvado si uno de los jugadores hubiera seguido trabajando en el frigrorífico, pero lo echaron, él siempre financiaba el 50% del valor de la pelota. 

Ingresó luego en las filas de Progresistas, siempre de insider izquierdo. Jugaba en la cuarta, pero en algunos partidos lo hacia en “intermedia” que era la división máxima del Club.

Solo podía jugar de vez en cuando, porque lo desplazaba  Hugo Papini, hijo del dueño de la cristalería. Quién además pagaba los botines y las camisetas de todo el equipo. Hacia valar su predominio financiero.

En 1920 lo fueron a buscar de Independiente. Jamás creyó poder jugar en un cuadro tan poderoso. Fue como si hubiera ganado la Lotería de Navidad.

"¿Así que usted es el famoso “Negro” de Progresista?" – le preguntó Don Pedro Canaveri, el Presidente Rojo, en una de las dos piecitas que servían de Secretaria del Club, en Mitre y 12 de Octubre, al lado de la sastrería “ La Tijera de Oro”.

- Así me dicen, señor.

- ¿Tiene botines de fútbol?

- No señor.

- No importa, venga el domingo que le daremos todo y jugará en intermedia.

El sábado recibió una carta en su casa que lo hizo saltar de sorpresa. Independiente le avisaba que iba a debutar en Primera. Justamente con sus ídolos.

Esa noche no durmió de emoción y nervios. Era un amistoso con River. Marcó un gol. Esa carta la conservó en una vitrina, fue su mayor trofeo, nunca olvidó ese valor sentimental.


Seoane fue el más grande goleador de la etapa amateur del fútbol Argentino. Once años ocupó su puesto en la primera de Independiente. Un maestro del ataque, integrando delanteras de antología en Independiente, aún vivas en millares de aficionados.

Aunque Manuel se niega con diplomacia, puede decirse que fue inventor de la “guerra psicológica” en el fútbol. Siempre trababa de poner nerviosa a la defensa contraria, particularmente a los arqueros, con chiste de distinto tenor.

- Che, enano ¿a quién vas a marcar vos? ¿a mi? No me digas.

- O al arquero: “Si tenés lumbago, Negro, dejá el arco, que vas a tener que ir a buscar muchas veces la pelota al fondo de la red.

Hay una anécdota contada con un veterano hincha de Chacarita, ocurrió en 1930, en la vieja cancha de Humboldt. Por ahí vino un corner, contra el arco de Alterio de los Funebreros y saltaron los dos. Cuando estaban en lo alto, Seoane le agarro la visera de la gorra y la tiro con fuerza. 

Consecuencia, cuando llegaron al suelo, Alterio tenía la gorra hasta la barbilla y luchaba para sacársela. Seoane entre tanto, marcaba el gol. 

Era hombre puesto en los entreveros internacionales, como aquellas Copas Lipton, Newton, Chevalier y formó parte del equipo que Boca llevó a Europa en una gira histórica que le valió de parte de Alberto J. Armando le pagara 7 mil pesos durante años, como asesor simbólico de la institución que presidía. Todo un alivio, porque los jugadores de antes eran pobres.

En los años en que los que se enfrentaban dos Asociaciones amateurs, dividiendo el fútbol Argentino, durante una temporada Seoane dejó las filas de Independiente y fue a El Porvenir. 

Resulta que en un partido con River se armó  una “tremolina” y todos pegamos. Le dieron un año a Seoane, a Ferro y a Ronzoni. Por buscar justicia. Cumplida la pena volvió a Independiente y terminó su carrera cuando el back Moyano, de Huracán, le arruinó la rodilla. Ocurrió en 1932.

Como profesional, jugó tres temporadas, siempre en el Rojo, convirtió 34 goles en 56 encuentros. Se despidió el 22 de agosto de 1934, en un partido homenaje en el que se le entregó el dinero de una colecta de agradecimiento que le sirvió para comprarse una casa en Quilmes.

Además, Seoane se inmortalizó como el máximo goleador del amateurismo, señalando 207 tantos en 217 partidos. En El Porvenir marcó 21 goles en 30 encuentros. Con la Selección jugó 21 partidos en los que marcó 16 tantos.

Manuel se jubiló hace unos años como clasificador de lanas. Siempre trabajó siendo jugador. Todos trabajaban. Ganaban el pan con el sudor de su frente. Tenía tres hijos y vivía en Bernal. 

No tenía “botes voladores” y no se consideraban vedettes con caprichitos.

Antonio G. Santos (Tony)
Twitter: @abogado666
Especial para La Caldera del Diablo

Fuente: Casaca Roja Año I Nro 4. Una nota de Carlos Fernández Amendola.


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