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Barras que se indgnan y marchan, un Presidente que dice no dará el brazo a torcer, un arquero gravemente lesionado y la pericia del entrenador para determinar el rumbo futbolístico. 
Más allá de errores o torpezas dignas de un novato en la conducción de un Club tan grande (las declaraciones sobre la prensa, por ejemplo) no debería haber grandes reproches al mandato de la actual Comisión Directiva comandada por Javier Cantero y avalada por una masa societaria que hace apenas cuatro meses y medio le dio la oportunidad de asumir la capitanía de este barco a la deriva que es institucionalmente Independiente.

Una deuda impagable forjada a lo largo de años en los que todavía restan por aclarar los manejos económicos y financieros provocó un silencio llamativo en el grueso de lo que denominamos "barra brava", que aún en el peor momento del equipo (quizás, la salida escandalosa de Mohamed luego del partido con Boca de local) jamás criticó a la entonces conducción del Club. Sin embargo, esa misma fracción que mostró su indignación la misma noche de la elección y en el primer partido veraniego, ya convoca a una "marcha" esta noche en la Sede Social para pedir la renuncia de quien fuera elegido como primer representante de socios y converido en gerente, Raffaele Rutigliano.

La llamativa convocatoria viene de la mano de la negación de la actual CD a favores especiales, incluyendo la guarda de banderas en el Estadio y otras prácticas comunes en el fútbol argentino.

Paralelamente, dentro de la cancha el equipo muestra, con el mismo plantel, un cambio sustancial en el juego y su desenvolvimiento. Pocos confiaban en Cristian Díaz, y ese es otro acierto de la dirigencia que apoyó por un proceso que venía desarrollándose con éxito en la Reserva. El entrenador, que supo ganarse a la gente tras una espectacular victoria en la Bombonera y la goleada en el clásico, es quien más puntos sacó desde la quinta fecha, en que tomó la conducción del Rojo.

Desde su perfil bajo, el ex defensor supo encausar al plantel, manejó algunas figuritas difíciles dentro del grupo y promovió muchos juveniles que ya conocía de La Piponeta. Lentamente, se erigió en el artífice de esta remontada que ilusiona pensando en el futuro.

“Aquel resultado con Boca marcó un antes y un después. No tenemos que apartarnos del camino. No siempre vamos a ganar siempre pero si perdemos nunca será porque bajamos la guardia o nos hayamos caído. Yo soy un simple transmisor. El grupo se siente cómodo, se siente bien, y los resultados muestran que de esta manera se puede”, afirmó el director técnico.

Por último, queda la lamentable lesión de Assmann, en un año que definitivamente no será el suyo: desde la frustrada partida al fútbol chileno, la operación de apendicitis y ahora esto. Sólo podemos desearle una pronta recuperación.

Emiliano Penelas

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