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Dos técnicos complicados con el andar de sus equipos dieron como resultado que firmaran un empate anticipado y se resignaran a seguir buscando el resultado en el clásico.


Algunos recuerdan que antes de tener un perrito ridículo como mascota, el eslogan de la compañía de bebidas número dos era "animarse a más". Quizás al Turco Mohamed le faltó esa pequeña dosis de cafeína para que en La Boca pusiera algunos cambios un poco más osados, cuando el partido parecía estar para el Rojo y su colega Falcioni le demostraba que en sus modificaciones también le huía al partido.

Mientras en el primer tiempo Boca fue superior, lo era porque Palermo estaba jugando el mejor partido suyo en lo que va del año de su supuesta despedida, y porque Riquelme manejaba los tiempos del equipo, que aunque fueran lentos, eran efectivos y estaban lejos del control de los mediocampistas del Rojo.

Cuando Independiente se vio en desventaja, salió el segundo tiempo con otra actitud, fue a buscar más arriba, y Boca dejó de atacar, se resignó a esperar y terminó siendo empatado y por poco no se queda sin nada, porque el Diablo estaba para más, y el Xeneize ya no respondía.

En el medio de todo eso, hubo dos entrenadores, Julio César Falcioni (de paso por el banco Rojo, también) y Antonio Mohamed, que fueron decisivos desde los cambios para que el partido saliera como salió, y que no se animaron a ir un poco más allá.

Por el lado del técnico rival, sacar a sus dos estrellas justo en el partido donde están demostrando su valor, fue un signo para el desarrollo de lo que venía. Si Boca estaba perdiendo la pelota justamente no era por Riquelme, sino por la falta de un socio para jugarla. En fin, "problema de ellos" diríamos, y así les fue.

Malo es lo del Turco, que por lo general no suele acertar con las modificaciones. Si bien hay que darle la derecha por el ingreso de Villafáñez, en definitiva el autor del empate, fue bastante decepcionante el ingreso de Gabriel Vallés por Iván Vélez.

El colombiano, que fue salida por su lateral permanentemente, era uno de los hombres con mayor desplazamiento y movilidad, inquietaba por su lateral y generaba espacios por donde penetrar a la defensa bostera. Amén de todo eso, el cambio era claramente conservador, a falta de diez minutos y a sólo tres de haber empatado el juego. Si su salida era inevitable, Mancuello podría haber resultado una opción mejor.

Pero tres minutos más tarde llegó otro: Battión por Silvera. Si bien el Cuqui había bajado en su rendimiento, otra vez se plantea un cambio para replegarse más en el campo, cuando Leonel Núñez parecía una carta interesante frente a una defensa rival que a esa altura se caía a pedazos física y futbolísticamente.

Lamentablemente, tanto a Falcioni como a Mohamed los comieron los apuros por "no perder" (de hecho el DT Rojo reconoció eso como un valor)

Emiliano Penelas

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