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El baúl de los recuerdos. El Lobo platense tenía al título al alcance de la mano en el torneo Clausura 1995. Debía salir a asegurarlo en su cancha contra Independiente. Perdió 1-0 y sufrió una de las decepciones más grandes de su historia. San Lorenzo se quedó con la gloria.


Javier Mazzoni se anticipa a Pablo Morant y le provoca una dolorosa derrota a Gimnasia.

La porción tripera de La Plata estaba ansiosa. El título se veía ahí, al alcance de la mano. Como nunca, Gimnasia estaba a un paso de ser campeón. El Clausura 1995 se presentaba como la gran oportunidad para hacer realidad ese sueño. El equipo de Carlos Timoteo Griguol, que había acumulado grandes méritos para llevarse el premio mayor, perdió inesperadamente 1-0 con un Independiente que jugaba muy mal, pero que ese día rindió mejor que nunca a lo largo de ese torneo y con un gol de Javier Mazzoni hizo añicos la ilusión del Lobo.

No era un equipo que deslumbrara con su juego Gimnasia. No, para nada. Pero los futbolistas habían incorporado todas las lecciones impartidas por un viejo sabio como Griguol y habían forjado una notoria personalidad ganadora. Hasta entonces, el Lobo no acostumbraba ser protagonista estelar de los certámenes. Eso cambió. Con su experimentado DT, desarrolló una línea de conducta que tenía una característica distintiva: nunca bajaba los brazos. Sólo así se explicaba que a lo largo del Clausura haya obtenido triunfos agónicos contra Argentinos, racing, Vélez, Talleres, Platense y en la penúltima jornada contra Ferro.

Las seguras manos de Enzo Noce, con el apoyo de una retaguardia firme con dos laterales duros en la marca y de buena proyección como Guillermo Sanguinetti y Sergio Dopazo y dos centrales que también aportaban en ofensiva como Pablo Morant y Darío Ortiz (una expulsión lo dejó al margen del último partido); un mediocampo que trabaja mucho en la recuperación con el Chaucha José María Bianco y el cordobés Lucio Alonso, más del desdoblamiento en ataque y defensa del Yaqui Favio Fernández y Gustavo Barros Schelotto como conductor. Arriba, los desbordes de Guillermo Barros Schelotto y los goles de Federico Lagorio… Sí, tenía motivos Gimnasia para apostar en grande.

Después de una trabajosa victoria sobre Ferro en la que contó con la inestimable colaboración del veterano arquero Esteban Pogany, quien cometió un error de principiante, Gimnasia arribó a la fecha de cierre del torneo con todo a favor. Le llevaba un punto a San Lorenzo, el único que le seguía peleando el título luego de que Vélez quedara fuera de carrera. Enfrente aparecía Independiente, que naufragaba en la mitad de la tabla y tenía apenas cinco unidades más que el peor conjunto del certamen, Argentinos.

Como sucede siempre en el fútbol local, los días previos a la última jornada corrieron los rumores de incentivación de San Lorenzo para con los jugadores del Rojo. En teoría, los azulgranas no debían preocuparse por su propio rival, Central, pues históricamente los rosarinos eran “amigos”. Cuestiones, lamentablemente, típicas de los momentos definición en los que se tejen las más variadas confabulaciones y sospechas. En esa ocasión, la versión indicaba, además que un futbolista de Independiente había sido tentado para no oponer demasiada resistencia y que otro había recibido un sondeo para que redoblara esfuerzos para vencer al líder. Sin pruebas, todo queda en el impreciso mundo de las teorías conspirativas incomprobables.

Antes de la última función, Griguol repitió el rito de abofetear a sus dirigidos en un particular gesto de motivación. Les tocaba el orgullo. Y entonces salían a llevarse el mundo por delante. Lo cierto es que en esos 90 minutos decisivos, el equipo de Timoteo hizo todo para ganar. Debió afrontar el partido sin dos de sus pilares, el Indio Ortiz y el Yagui Fernández (cómo olvidar el reto del DT gritándole “¡vas a salir campeón de la concha de tu hermana!” por su absurda expulsión contra Ferro). Fue al frente tratando de ser protagonista de su propio destino. Dilapidó varias llegadas que en otros partidos terminaban en goles. Carucha Lagorio tuvo una de las acciones más claras, pero perdió ante la tapada del arquero ecuatoriano Carlos Morales, recientemente fallecido. Parecía no ser su día.

Encima, no podía descuidarse porque más allá de su pobre campaña, Independiente no era un adversario inocente. Si bien era dominado, parecía negarse a ser un mero espectador de la fiesta tripera. Y de pronto Diego Cagna buscó el medio del área del local y encontró a Javier Mazzoni, quien con un preciso toque de zurda venció a Noce. El golpe fue lapidario. Resultó una puñalada mortal para el corazón del Lobo, que en el segundo tiempo fue con alma y vida. Se lo perdió Morant de cabeza y tampoco acertó Andrés Guglielminpietro cuando la desesperación ya era total. Un remate en el poste de Juan Carlos Ramírez aumentó la preocupación de los platenses. No pudo el mellizo Guillermo y cuando Francisco Lamolina pitó el final del partido, el Bosque se unió en un llanto desconsolado. Mazzoni, con su gol, había destrozado el sueño de Gimnasia.

Carlos Viacava
Diario La Prensa, 19 de julio de 2020



Gimnasia 0 - Independiente 1
Gimnasia: Enzo Noce; Guillermo Sanguinetti, Pablo Morant, Ariel Pereyra, Sergio Dopazo; Lucio Alonso, José María Bianco, Gustavo Dueña, Gustavo Barros Schelotto; Guillermo Barros Schelotto, Federico Lagorio. DT: Carlos Timoteo Griguol.

Independiente: Carlos Luis Morales; Tony Gómez, Pablo Rotchen, Claudio Arzeno, Guillermo Ríos; Diego Cagna, José Tiburcio Serrizuela, Juan Carlos Ramírez, Daniel Garnero; Silverio Penayo, Javier Mazzoni. DT: Miguel Angel López.

Incidencias
Primer tiempo: 44m gol de Mazzoni (I). Segundo tiempo: 23m Andrés Guglielminpietro por Dueña (G); Mario Saccone por Gvo. Barros Schelotto (G); 42m Carlos Bustos por Mazzoni (I).
Cancha: Gimnasia. Arbitro: Francisco Lamolina. Fecha: 25 de junio de 1995.

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