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Independiente fue una sombra en Rosario. Un Cuerpo Técnico sin respuestas, que debería dar un paso al costado, y un plantel que deberá depurarse. Llamado de atención también para los dirigentes, con la responsabilidad de enderezar el rumbo a 2020.


La debacle del ciclo Beccacece arrastra a varios protagonistas a su paso. Cuando este sábado se decida la continuidad del entrenador, también deberán analizarse los rendimientos individuales bajísimos que mostró un equipo que nunca dio señales desde adentro de la cancha, y los dirigentes deberán tomar decisiones rápidas de cara a conformar un plantel más austero que permita volver a poner al Rojo arriba nuevamente.

Eliminado de la Copa Sudamericana, los objetivos primordiales eran los torneos locales. Lejos en la Superliga, con varios partidos en falta, la Copa Argentina en una instancia a la que el Club nunca había llegado y con el sistema de "matar o morir" en 90 minutos de juego parecía que podía traer aire fresco.

Sin embargo, tras el papelón en cancha de Quilmes ante Defensa y Justicia, cuando ganó sin patear al arco y hubo silbidos de los hinchas para todos, ayer en Rosario se dio lo anunciado, ante un equipo más sólido que le alcanzó con los goles en tiempo límite para dar dos estocadas fatales. Que el arbitraje fue pésimo es cierto, pero sería poco serio seguir viendo la paja en el ojo ajeno aún cuando esto es cierto.

Se gastó mucho dinero en los últimos mercados de pases, se trajeron jugadores muy caros y con contratos elevados para el mercado local, y sólo con la clasificación asegurada a la Copa Sudamericana 2020, es probable que el Club no haga incoporaciones en el próximo mercado, y hasta debe librarse de algunos de los que ya hizo.

Ahora, el Rojo necesita como la historia lo manda las tres patas que consoliden el crecimiento: jugadores, técnico y dirigentes.

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