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A 40 años de la primera Intercontinental del Rojo, Olé festejó con cinco jugadores de ese equipo que venció a la Juventus con la eterna pared de Bochini y Bertoni.

Fue una gesta que marcó a fuego el corazón de los hinchas de Independiente, que alimentó el orgullo de toda la cofradía roja y rubricó esa mística que había comenzado a forjarse algunos años atrás, con las Libertadores de 1964 y 1965. Existen acontecimientos que trascienden a las personas, que van más allá de las instituciones, que hacen añicos las barreras del tiempo, que perduran por siempre en la memoria colectiva. Hace 40 años Independiente derrotó 1-0 a la Juventus y se consagró campeón Intercontinental por primera vez.

Aquella pared que inmortalizaron Bochini y Bertoni en el estadio Olímpico de Roma y que catapultó a Independiente a la cima del mundo fue un suceso que traspasó fronteras. Aquel 28 de noviembre de 1973 la victoria no sólo fue del Rojo. En Roma triunfó la resistencia en un fútbol que comenzaba a padecer ausencia de audacias. La consagración marcó un antes y un después en la historia del club y en las vidas de Bochini, Rubén Galván, Agustín Balbuena, Eduardo Maglioni y Miguel Angel Santoro. La vida los condujo por distintos caminos, pero ese pasado signado por la gloria se encargó de sellar lazos inquebrantables.

Olé los juntó para desempolvar recuerdos y repasar una de las páginas doradas de la historia del fútbol argentino. Ni siquiera comienza la entrevista y todos se largan a hablar.


“En 40 años no cambió nada porque Bochini sigue llegando tarde”, bromea Santoro. Y mientras el resto celebra su ocurrencia y comienzan a mirar de reojo el reloj, el Bocha entra a la redacción apresurado para abrir un baúl que rebasa de recuerdos que el tiempo jamás podrá mancillar. “En ese momento no fuimos conscientes de lo que habíamos logrado. Parece mentira, pero hoy el reconocimiento es mucho mayor de lo que fue cinco o diez años después de haber conseguido la Copa. Los malos resultados llevaron a la gente a volorar el título cada vez más, a darse cuenta de lo difícil que es llegar a lo más alto del mundo”, cuenta Rubén Galván. “Ya se nos había escapado tres veces la Intercontinental y había que ganarla. Todos saben que teníamos un equipo impresionante de mitad de cancha hacia adelante, pero abajo había una defensa tremenda, el entendimiento era total. Para llegar a esas instancias no sólo hay que tener buen pie, también se precisa mucha garra. Y ese equipo la tenía”, rememora Pepé Santoro. “La Juventus era un gran equipo con muchos jugadores de selección como Zoff, Spinosi, Causio, Bettega, Gentile. Pipo nos pidió que tratemos de tener la pelota, de apretarlos, de achicarles los espacios”, cuenta Bochini. “¡Noooo!. A mí me mataron. Me la tiraban para adelante y tenía que chocar con Marchetti que era un paredón”, interrumpe el Mencho Balbuena. “Todo venía bien hasta que el Negro (Galván) nos complicó todo cuando hizo el penal. Decí que yo me quedé parado, Cuccureddu se perfiló para patear al medio y lo desconcerté porque la tiró arriba, si no, no estaríamos acá, je “, bromea Santoro. Y la respuesta no tarda en llegar. “No fue penal, se tiró”, se defiende Galván mientras estallan las risas de fondo. “En el primer tiempo la pasamos mal”, explica Bochini. “Ligamos de una forma ...”, reconoce Santoro como si el arco todavía temblase después de los dos remates que sacudieron el travesaño y paralizaron los corazones de todos. “Había que aprovechar los espacios. En el entretiempo los defensores nos decían que si metíamos una ellos se iban a encargar de aguantar el partido. Y salió la jugada del gol”, expresó. “En esa jugada yo venía picando por izquierda y estaba mejor perfilado para patear, todavía no sé por qué no me la pasaste”, lo carga Maglioni a Bochini. Y el máximo ídolo de la historia del Rojo asegura que “unos días después jugamos contra Ferro y con Bertoni hicimos una pared casi igual. Todo nos salía con naturalidad”.

No fue un título más del aluvión que cosechó Independiente en los 70. Porque la Intercontinental ya se había esfumado dos veces ante el Inter de Helenio Herrera y una frente al Ajax de Cruyff. Porque los italianos impusieron la condición de jugar un solo partido en Roma. Porque el Rojo no sólo derrotó a la Juventus, lidió contra un árbitro localista que incluso cobró un penal inexistente. “Los festejos fueron bastante mesurados”, afirma Santoro. “Antes del partido compramos algunas botellas de vino y las llevamos al hotel con Semenewicz. Tiramos hielo en el inodoro y pusimos las botellas. Los tanos no podían creer lo que hacíamos, je. Si perdíamos, el vino lo íbamos a tomar igual”, dice entre risas Maglioni, quien continúa con su relato: “Cuando llegamos al aeropuerto para pegar la vuelta los tanos nos vieron con la Copa y se estrellaban las cabezas contra las columnas. Fue algo increíble que nunca voy a poder olvidar”. Y Bochini agregó: “Nosotros cobramos sólo u$s 200 cada uno por haber conseguido ese título y nadie se quejó. En esa época no se manejaban las cifras de hoy y las copas eran mucho más difíciles porque te enfrentabas a equipos que eran selecciones”.

El domingo posterior al partido con la Juventus, Independiente visitó a racing y dio la vuelta con la copa en el Cilindro. Bochini rememoró ese partido: “La gente de Racing nos reconoció y nos aplaudió cuando salimos al campo. Les ganamos 3 a 1. Hoy ni siquiera hubiésemos entrado a la cancha”.

Diario Olé, jueves 28 de noviembre de 2013

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