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El retiro de Gabriel Milito es un golpe muy duro para todos los hinchas de Independiente. Se va uno de los últimos ídolos genuinos de la cantera. Y si bien lo hace en un equipo que ni él ni nosotros nos merecemos, lo hace por la puerta grande. Porque el sólo hecho de haber vuelto para terminar su carrera en su amado Rojo es un gesto que jamás habrá que olvidar. Solamente hay que agradecer que cada vez que se puso la camiseta Roja la defendió con orgullo y sin ningún tipo de contemplaciones.


Capitán del equipo del último torneo local logrado por Independiente, con más rulos que ahora, deja un espacio difícil de llenar. Más por el lado humano y por todo lo que significa su palabra dentro del vestuario. En lo futbolístico, todos sabemos, y él más todavía, que su nivel no fue bueno. Pero, sin embargo, lo suplió con sacrificio. Esperemos que al plantel no lo afecte demasiado en la parte anímica, además de lo de Gabbarini, ya que se vienen dos duelos cruciales y por eso el mismo Gaby quiere jugarlos. Se va un jugador notable. De los que uno vio en su posición, está junto con Enzo Trossero en un lugar de privilegio entre los defensores centrales de la historia del Club. Ahora esta CD, que premia a figuras que tanto nos dieron, debería ya estar pensando en otorgarle alguna función para que transmita ese sentimiento que tiene hacia el Club. No por nada donó un gimnasio hace poco tiempo. Milito, gracias por todo los que nos diste. Te vamos a extrañar.

Beto Tisinovich
Diario Olé

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