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¿En qué momento el fútbol argentino comenzó a cambiar historia por histeria? ¿Cuándo los capos de las barras comenzaron a compartir cámaras con los cracks? ¿Cuándo la épica dejó los campos y se mudó a las tribunas? ¿Cuándo el amor al fútbol devino show? ¿Cuándo la TV nos vendió que teníamos "el campeonato más competitivo" del mundo? ¿Cuándo nos creímos que "lo único" importante era ganar? ¿Cuándo privilegiamos la lucha por sobre el juego? ¿Cuándo los pichones de cracks de clubes vaciados pasaron a ser propiedad de los fondos de inversión? ¿Y cuándo Julio Grondona decidió eternizarse en la AFA? Crónicas de todas las épocas suelen lamentar que en la década anterior se jugara mejor. Los recuerdos siempre son más generosos que el presente. Pero 2011, un año sin ningún título internacional para el fútbol argentino, y con River en la B, confirmó un declive de profundidades impensadas, que alcanzó incluso al seleccionado mayor. Se debate sobre posibles cambios de formato de campeonatos para 2012. Pero el problema no es el envase, sino el contenido.

Pocas veces como Barcelona en 2011 un equipo mostró una superioridad tan apabullante sobre el resto. Primero fue el baile a Manchester United en la final de la Liga de Campeones, en mayo. "No pudimos hacer nada para quitarle la pelota. Nada. Nada. ¡Pero nada, ¿eh?! Imposible." Wayne Rooney, el atacante estrella de Manchester, contó también que el día del 5-0 de Barça a Real Madrid en el Camp Nou, en noviembre de 2010, estaba solo en su casa. Y que se levantó del sillón "para aplaudir algo que nunca había visto". Unos días atrás, en apenas una semana, Barcelona dio primero otra paliza a Real Madrid y esa misma noche partió a Japón para dar "una lección" a Santos, como admitió Neymar. El debate argentino sobre Barcelona ahora es brasileño. La goleada a Santos salió de la TV de cable, habitual transmisora de los partidos de Barcelona, y fue vista por millones a través de Globo. "Para quien nunca vio a Barça...", decía Cleber Machado en su relato. "La historia pasó ante nosotros, pero no la historia del fútbol, sino la historia del arte", escribió un comentarista, asombrado tras la exhibición. "Barça: el nuevo Santos de Pelé", tituló otro. Pep Guardiola, DT de Barcelona, un amante de la belleza que lleva 13 títulos en menos de cuatro años, dijo tras la victoria que su equipo, simplemente, se pasó la pelota, "como mi padre me dijo que lo hacían antes los brasileños".

"O maior jogo do mundo", tituló en 1962 un diario de Río de Janeiro la final por la Copa Brasil entre Botafogo y Santos. Había en la cancha ocho titulares y tres suplentes del seleccionado que venía de coronarse en Chile bicampeón mundial. Pelé, Garrincha, Nilton Santos, Zito, Pepe, Amarildo, Zagallo... En esos años, España no jugaba al toque sino a la furia. La década pasó a ser dominada por el Inter de Helenio Herrera y el Milan de Nereo Rocco, símbolos del catenaccio . En la Argentina irrumpió el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía. Y Dante Panzeri escribió Fútbol. Dinámica de lo impensado. Se juega bien o se juega mal, pero no hay fútbol "viejo" versus fútbol "moderno", entendía Panzeri en 1967. "Todos nos jugaban a defender, teníamos la pelota 80 minutos. En un partido Lanús defendió con dos líneas de cuatro, dejó sólo uno arriba y ganó con dos goles de contragolpe. Ahora quieren presentar esa actitud como táctica. Y eso siempre se llamó amontonarse", le contó Carlos Peucelle, integrante de La Máquina de River. El racing de Santander que dirigía hasta su despido Héctor Cúper preparó en octubre pasado una doble muralla ante Barcelona. Guardiola entendió que su habitual sistema de pases podía no servir y eligió atacar con puros gambeteadores. Ganó por 3-0. Antes de la final reciente de Japón, pasó dos días mirando videos de Santos. Pensó que un delantero de punta moriría ante los grandotes del fondo. Decidió atacar con volantes. Ya no fue sólo Messi un falso 9. Thiago fue falso 11. Dani Alves, falso 4; Iniesta, falso 10. Así, casi todos. Si el fútbol es el arte del engaño, Barcelona jugó como nunca al fútbol-total. "¿De qué jugabas?", preguntarán en el futuro a cualquiera de sus jugadores. "De Barcelona", responderán.

Dinámica de lo impensado, reeditado en estos días en España por la editorial Capitán Swing, que volverá a publicarlo en marzo en la Argentina, dice en un pasaje que "para adelantar hay que retroceder. Lo antiguo puede no ser caduco. Lo moderno puede no ser progresista". Cito la frase porque pienso en una imagen del Barcelona 2011. No la de los lujos, ya repetidos y elogiados. Pienso cuando Barcelona, fiel a eso de "retroceder para adelantar", retrasó la pelota al arquero Víctor Valdés en el último clásico. Iban 21 segundos. Tito Vilanova, asistente de Guardiola, ni siquiera tuvo tiempo para sentarse en el banco. Valdés salió mal con los pies y Karim Benzema puso 1-0 arriba a Real Madrid. Los minutos siguientes fueron de pura tensión. Porque el Madrid venía de 15 triunfos seguidos y muchas goleadas, jugaba en casa alentado por más de 80.000 personas y estaba hambriento de venganza. Corrió morbo de fin de ciclo en el Bernabéu. Pero Barcelona no se achicó. Siguió pasándole la pelota a Valdés. Y el arquero siguió arriesgando con los pies, abriendo a los laterales o hacia adelante si algún central quedaba libre. Cualquier hincha argentino lo habría insultado. Barça terminó ganando con baile. Pero elijo esa media hora, hasta el empate de Alexis Sánchez, porque confirmó que el fútbol, además de táctica y técnica, y de cracks y funcionamientos colectivos que pueden ser imposibles de copiar, es también un juego de convicciones. La FIFA condicionó el pase al arquero después del Mundial Italia 90 porque los técnicos lo usaban para perder tiempo. Guardiola lo reinventó para atacar. Cuentan que Pep felicitó a Valdés ante todo el plantel apenas entró al vestuario. "Otro se habría quitado de encima el balón, lo habría tirado largo, pero él siguió igual, porque necesitamos continuidad en el juego. Fue la imagen perfecta que demuestra lo que es este equipo", lo elogió ante la prensa.

El riesgo que asume Barça es la contracara del miedo que domina al fútbol argentino. Guardiola arriesga aun en la comodidad del triunfo. Está siendo "infiel" a su esquema vencedor. Pasó al cruyffista 3-4-3 y, con los fichajes estelares de Cesc y Alexis Sánchez, presentó a Thiago y Cuenca, nuevas joyas de La Masía. Sorprendió a los rivales y nos hace creer que el futuro puede ser aun mejor. Una respuesta al escepticismo de Panzeri, que despreciaba a los entrenadores que querían "organizar la espontaneidad", algo imposible -decía- porque siempre habrá además una "oposición combativa" que buscará "el despojo" de la pelota. "Europa sólo nos vende libros de fútbol", protestaba Panzeri, que murió en 1978. Jamás imaginó que algún día llegaría el Barça de Guardiola. La conmoción en Brasil, "o país do futebol", fue tal que Mano Menezes, DT del seleccionado, emitió un comunicado. Pidió que la derrota de Santos abriera "una discusión más profunda y provechosa sobre los verdaderos problemas del fútbol brasileño". Su equipo nacional había tenido cerca de 70% de posesión de pelota y fallado una decena de clarísimas situaciones de gol cuando Paraguay lo eliminó por penales en la última Copa América. "Ganamos de c...", se sinceró Tata Martino, entonces DT de Paraguay. Minutos antes, la televisión había elogiado su "orden táctico". Fue un torneo que, en líneas generales, premió a los que menos arriesgaron. "Gracias a Dios existe la pelota parada", se exaltó un comentarista tras un gol que llegó de un tiro libre. Seis meses después, con esa misma exaltación, el comentarista saludó el juego de elaboración y riesgo de Barcelona. Cambian convicciones por conveniencias. Como diría Tostão, les gusta la victoria, no el fútbol.

Ezequiel Fernández Moores
Diario La NAción, miércoles 28 de diciembre de 2011

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