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La interna en el plantel del Rojo, el conflicto en el cuerpo técnico y la crisis institucional no ayudan a vislumbrar un panorama positivo en el horizonte.

Resulta irónico que los futbolistas que en su momento habían enojado por versiones surgidas en la prensa sobre lo que pasaba en el interior del vestuario, y a consecuencia de ello se negaran a hablar con los medios por un tiempo prolongado, en la misma jornada en la que anunciaron su vuelta a los micrófonos se destape una olla a presión incontenible como la que ocurrió luego del partido ante All Boys.

Por supuesto que la situación en Independiente no está bien, y no es novedad, sólo que ahora cuesta cada vez más tapar el sol con la mano y de a poco todo empieza a mostrar su hilacha. Todo esto pareciera ser demasiado dentro de un plantel que en diciembre se alzaba, casi milagrosamente, con la Copa Sudamericana, y prometía al menos un semestre de festejos.

Las continuas lesiones evidencian problemas a la hora de pensar la puesta a punto de un plantel que se exigió desde comienzo de año con el repechaje de la Libertadores, para que el sueño se esfumara antes de terminar la participación en primera fase. El cuerpo técnico, aplaudido por la gente y con el apoyo del hincha, empieza también a tambalear entre sus interrogantes y lo que termina mostrando públicamente.

Por último, tampoco se ven gestos claros desde la dirigencia. No se muestra unidad, y aparecen quiebres internos tanto en el oficialismo como en la oposición, en medio de un año electoral donde los participantes comienzan a jugar sus cartas. Al menos sospechamos que habrá opciones de cambio, y quizás de continuidad, si es que finalmente Comparada decide presentarse nuevamente.

Todo el panorama parece difícil, sobre todo cuando el próximo encuentro es un clásico, y si bien se sabe que la pelotita trae calmas si la cosa va bien, puede ser un detonante cuando casi todo parece ir mal.

Emiliano Penelas

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