Independiente cerró otro semestre para el olvido con un plantel sin ambición, pésimamente armado, un técnico perdido en su propia lógica y una dirigencia que hace agua por todos lados, con otro fracaso en su gestión.
En este 2026 Independiente juega solo el campeonato, y ahora esperará hasta después del Mundial para volver a jugar. Así, el domingo se terminó otro semestre para el olvido en el que a esta altura, por tabla anual, el Rojo ni siquiera se está clasificando a la Copa Sudamericana 2027, y sería otro año perdido en medio de una gestión que sólo la jugó una vez en sus cuatro años de gobierno.
A propósito, la dirigencia no debería permitir que se programe el duelo ante Unión por Copa Argentina, ya que incluso estaría aún más debilitado por las posibles ausencias mundialista.
Si hablamos de lo deportivo, frente a Central el equipo mostró falta de actitud y de ambición, y solo salvaron la nota un par de futbolistas. A excepción de Marcone, Ávalos y quizás Valdez, hay futbolistas que parecieron guardarse un resto, sin entender que era un partido sin mañana. Y en un torneo que no premia al que juega mejor, sino al que muestra más actitud y entrega en los mano a mano, también ahí quedamos en el debe.
El Rojo fue un equipo muy irregular. Quedó quinto en su zona, clasificando en la última fecha ante San Lorenzo. Ganó seis partidos, empató otros seis y perdió cinco, y en cuatro le dieron vuelta el resultado (Independiente Rivadavia, Instituto, Talleres y Central). Sacando el clásico ante el Ciclón, le costó horrores jugar afuera de Avellaneda, y en Rosario pareció perder trotando.
En cuanto al técnico, que demostró valores en otros clubes, acá no encontró nunca el equipo. En 17 partidos del Apertura son pocos los puestos que podrían considerarse cubiertos por titulares, y contra todo pronóstico fue la delantera lo que mejor le funcionó, gracias a un Ávalos que se cargó el equipo al hombro como goleador, Abaldo mostrando un buen nivel, aunque intermitente, y el chileno Gutiérrez que apareció en los últimos partidos.
Más allá de eso, si hoy la demanda en redes es la cabeza del DT, debemos pedir su continuidad, porque en seis meses habrá una nueva gestión al frente del Club y no puede quedar atada a un proyecto futbolístico elegida por la actual directiva.
Pero Independiente no tiene un plantel a la altura de su historia, y gracias a los últimos mercados de pases demostró ser corto y mediocre, incluso llevando al banco de suplentes a futbolistas que todos sabemos que no van a jugar nunca (Godoy, De Irastorza, Mancuello o Cabral, por ejemplo). Eso justifica que jueguen los que están, no los mejores, porque no hay alternativas, no hay cobertura de puestos, ni seriedad en el armado, con pibes que suman pocos minutos en Primera y otros que aparecen y desaparecen con la misma sorpresa.
Quinteros no habló en conferencia, pero quedaron muchísimas dudas sobre su planteo, y su gesto a favor de la prensa partidaria escondió también la excusa perfecta para no exponer sus razones.
Por último, la directiva quedó otra vez mal parada con las falencias que ya le conocemos en los últimos años, con otro mercado de pases desperdiciado, y un nuevo fracaso deportivo que a seis meses de las elecciones podría marcar un punto final también para esta conducción. Las palabras de Grindetti y Ritondo, a 48 horas del partido, además de referirse al arbitraje, dejaron en claro la nula influencia que el Club tiene en la AFA, donde se pelean estas cosas en la semana, y no sobre la jora en los medios, y a través de un presunto pedido del entrenador.
Si los equipos necesitan de tres patas para pelear campeonatos, Independiente esta rengo de las tres. Esta noche ya veremos los cuartos de final por televisión, y lo que viene es un parate muy largo, en el que deberán replantearse muchas cosas pensando en una segunda parte del año que nos haga ilusionar nuevamente.
Emiliano Penelas

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