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En un Clásico de Avellaneda más trabado qué jugado, Independiente derrotó 1 a 0 a racing con gol de Ávalos y volvió al triunfo en casa para estirar el historial. En el primer tiempo, Maravilla Martínez erró unnoenal para la visita.


Qué difícil analizar un partido que en su primer tiempo solo se jugaron 15 minutos de tiempo neto, y 39 de 105 finales. Si a eso sumamos que es un clásico y se jugó con el nervio y la tensión al máximo, poco podemos decir con algo de objetividad. 



Si pensamos en frío y ya a un par de horas de acabada la jornada, el desahogo final habla de la necesidad de la victoria tanto al rival de siempre como para volver a meterse en la pelea de los ocho que clasifican a la definición del torneo. En ese aspecto, no jugó bien Independiente, le sigue costando el manejo del medio campo, no se muestra sólido en defensa y debe trabajar demasiado para llegar a generar situaciones de gol. 



Pero hubo un quiebre en el partido, y fue a los 40 minutos del primer tiempo. El árbitro fue al VAR, cobró penal para racing y Maravilla Martínez decidió picarlo. La pelota se fue por encima del travesaño y mientras Rey reía y abrazaba al delantero de racing junto a Lomónaco, algo pasó en los hinchas que sentimos que se podía dar. 

Hubo que esperar bastante, y seguir sufriendo porque el 9 rival erró otra situación imposible y loa nuestros parecían solo tirar pelotazos a las manos de Cambeses. El ingreso de Pérez Curci le dio más movilidad al Rojo, que avanzó varios metros os y empujado por la he te fue a buscarlo.

Hasta que a los 35' Montiel encaró Por derecha, amagó un par de veces y metió el buscapie para que Ávalos, siempre esforzado, estire su pie y conecte al gol y al delirio general de un Estadio qué se caía abajo, de gargantas rojas exaltadas. Así se ganó, con la camiseta, con empuje y con coraje. El fútbol llegará más adelante, festejemos esta pascua. 

Emiliano Penelas 

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