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Compartimos una nueva columna de "Jugar sin la pelota", por Quique Larrousse.


El 1° de Enero de 1905 tomaba su forma institucional Independiente Fútbol Club. Cinco meses después de una génesis, del origen de una identidad cuyo embrión tuvo la impronta que le dió su nombre. La vibra fundadora de los hermanos Degiorgi, los Bassou, los Cabana, de Aizpuru e Ipart como Comisión Directiva Provisoria, tuvo suficiente alimento en ese breve lapso de Agosto a Enero. Entonces, con su fecha oficial de fundación el 1 de enero de 1905, los pibes que trabajaban en la tienda "A la Ciudad de Londres" y que se sintieron marginados en su propio club, decidiendo formar uno propio para no depender de otros, daban formato oficial y legal a lo que hasta allí era en su más puro estado, una idea genial, muy futurista y hermosa: la idea de ser ellos mismos forjadores del destino que ya se abría desde el universo. La idea de llamarse "Independiente". La idea que les redobló toda aquella energía explosiva que derivó en la necesidad de ser autónomos. Gran propuesta, asentida por aclamación en la primera asamblea ese 1 de Enero en lo de Daniel Bevilacqua, otro socio, formalizando la fundación del IFC. Más o menos ésto es lo destacado por difusores, historiadores y entusiastas con pluma, del alumbramiento de éste Independiente nuestro, del templo del fútbol en que se convirtió y de los 121 años de institución que le celebramos.



Hay una letra de Sui Géneris que dice asi: "Cuando comenzamos a nacer, la mente empieza a comprender que vos sos vos y tenés vida. Qué poca cosa es la realidad..!! Mejor seguir, mejor soñar, que lo que vale no es el día. Pero el sol está. No es de papel, es de verdad." La inspiración de Charly García Moreno me hace ubicar los momentos o sensaciones emparentados con la creación, la gloria, la crisis y el hoy del Independiente que conocemos. Siento algo parecido al recordar que Ricardo Soulé escribió la letra de Génesis en 1971 para el mítico disco de Vox Dei. Ya por entonces yo relacionaba la realidad gloriosa de mi club con el nacimiento que me contaban los mayores. Y hacia un paralelo con las letras de rock que todo parecían decírmelo en la cara, incluída la historia del Rojo. 

Dice el tema de Vox Dei: "Cuando todo era nada... era nada el principio. Él era el Principio y de la noche hizo luz. Y fue el cielo y ésto que está aquí. Hombre que te miras en las aguas para ver quién sos." Y el vuelo de la letra de Soulé me lleva a la última frase en eso que "te miras en las aguas para ver quién sos". Me devuelve a la actualidad de Independiente que se mira en el espejo de su historia para ver quién es.

Entonces, se me corre la nube y pienso que la poesía del rock contiene metafísica. Igual que la creación de un club de futbol. La metafísica que me muestra en toda su dimensión que el 1°de Enero es el inicio. El nacimiento de la energía, la apertura de un portal maestro que lleva ya 121 años abierto. La manifestacion de abundancia cuya ley de atracción se vuelve irresistible. Por donde mire veré gloria, honor, brillo, reinado, fútbol, mística. Pero de pronto, en tamaña vibración, cuando nada puede con semejante verdad de toda una vida de grandeza, me llaman del VAR. Me pellizco para entender que no lo soñé, pero sé que tampoco hay nada que temer. Y voy al VAR que está empecinado en mostrarme qué "algo no anda bien". No puedo aceptar que cuatro líneas trazadas sobre las últimas 2 décadas estropeen lo obtenido con mérito en 121 años. Pero tampoco puedo ignorar el pecado de un Independiente que lleva ya mucho tiempo de omisión e insuficiencia.

Una larga pausa. Como quien viaja a la luz y en el trayecto, un cirrus oscuro se cruza empeñado en cerrar el paso. Ahora tengo en claro que si bien la estrella de nuestro gran campeón no se ha opacado, algunas voluntades erróneas no alimentan su lumbre. Ánimos nacidos de las ambiciónes que poco entienden de futbol y mucho de negocios personales. Para que el sendero crucial se siga caminando, el cuerpo de la identidad creada aquel 1° de Enero deberá sacudir viejas estáticas y parir voluntades leales, para que lejos de diluirse en esta quietud peligrosa e inmerecida, en este mismo tiempo que palpitamos, se esfuerce en volver a nacer.

Quique Larrousse
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