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La historia de Bragarnik, Caselli, Issa y Bouza, nuevos gerenciadores del Elche, Burgos, Lorca Deportiva y El Ejido. Los antecedentes de Tinelli en el Badajoz y Grinbank en el Leganés, adonde se había llevado a Federico Domínguez y Pusineri.  


Con un mercado doméstico cada vez más devaluado y pequeño en dólares, el ascenso español se convirtió en la nueva meca para los inversores argentinos que apuestan al fútbol. En los últimos meses, cuatro equipos de la segunda y tercera división del fútbol de España pasaron a manos de empresarios argentinos, a través de la adquisición de las sociedades anónimas deportivas, la figura que adoptaron la mayoría de los clubes en Europa.

La lista de equipos con nuevos dueños argentinos incluye a algunos nombres relativamente conocidos para los hinchas argentinos como el Elche o el Burgos, con pasos más o menos recientes por la Primera División española, y otros clubes que son militantes históricos del ascenso del país y que están muy lejos del Real Madrid o el Barcelona de Messi como el Deportivo El Ejido o Lorca Deportiva.

Por su parte, los compradores son en todos los casos empresarios con una trayectoria reconocida en el fútbol argentino y que ahora buscan oportunidades en nuevos mercados, como Christian Bragarnik -el representante de jugadores más poderoso de la Argentina, que hace unos meses se hizo con el control del Elche- o Antonio Caselli, un dirigente histórico de River Plate que encabeza el grupo empresario que acaba de desembarcar en el Burgos CF, que hoy juega en la Segunda B (la tercera división de España).

"El proyecto del Burgos no es un gerenciamiento sino una compra de una sociedad como cualquier otra empresa. En julio llegamos al fútbol español con la adquisición del 87% de las acciones y lo que buscamos es recuperar lo que era el Burgos y llevarlo de nuevo a la Primera División, pero a la vez acercar a la gestión a los socios. No solo con abonos accesibles, sino también favoreciendo su participación en las decisiones. Hoy el club tiene más de 550 accionistas, que en la mayoría de los casos son hinchas con 0,1% del paquete accionario", explicó a La Nación Franco Caselli, el hijo de Antonio que con 24 años se mudó a la ciudad de Burgos y asumió como presidente del club.

Igual de ambicioso resulta el proyecto que lidera Bragarnik para llevar al Elche Club a la Primera División de España. Bragarnik es uno de los empresarios más fuertes del fútbol argentino. A través de su sociedad Score Fútbol SA a nivel local maneja los derechos de un centenar de jugadores y una decena de directores técnicos y es el responsable de la llegada de Diego Maradona a Gimnasia y Esgrima de La Plata. Sus influencias también se extienden al fútbol chileno -donde tiene vínculos con los clubes Unión La Calera y San Luis de Quillota- y al mexicano -donde figura como "asesor futbolístico" del Grupo Caliente, dueño de los clubes Xolos de Tijuana y Dorados de Sinaloa.


Su llegada a España se concretó hace unos meses con la compra del Elche. En algún momento se dijo que el expresidente de Boca, Daniel Angelici, participaba como socio, aunque el propio Bragarnik lo negó. Los resultados de entrada respondieron, ya que el club quedó al borde del ascenso (Nota de La Caldera del Diablo: ascendió el último domingo).

Los resultados también fueron muy positivos para el empresario argentino Hugo Issa que a los pocos meses de asumir el control de Lorca Deportiva -un club de la región de Murcia- consiguió el ascenso a la Segunda B. Issa es un exdefensor de Estudiantes de La Plata y racing, que ahora se dedica a la compra y pase de jugadores y tuvo un paso como gerenciador en Atlético Rafaela, que milita en el Nacional B del fútbol argentino.

La lista de representantes de jugadores argentinos devenidos en clubes de España se completa con Rubén Alejandro Bouza -un marcador central que en los '80 jugó en Chacarita y Los Andes- y a fin de año pasado se alzó con el control accionario del Club Deportivo El Ejido y bajo su conducción logró el ascenso a la tercera división española.

La hora de las SAD
La figura de la sociedad anónima deportiva fue introducida en España en 1990 y en la actualidad prácticamente todos los clubes, con muy pocas excepciones, están encuadrados dentro de esta figura legal, lo que facilita la llegada de capitales de todo el mundo.

Para los empresarios argentinos, que en la mayoría de los casos provienen del negocio de la representación de jugadores, comprar un equipo español ofrece dos grandes atractivos. El primero es asegurarse los derechos deportivos de los jugadores que representan. Los estatutos de la FIFA distinguen entre los derechos económicos de titularidad de un jugador -que pueden estar en manos de un empresario o una sociedad anónima- de los derechos deportivos que siempre deben pertenecer a un club. "Al tener los derechos deportivos y económicos juntos te blindás de cualquier intento de otro representante o de un club para 'robarte' a un jugador", explica un empresario que se dedica al negocio de la representación de jugadores.

El segundo atractivo pasa por la posibilidad de contar con nueva "materia prima". "El fútbol español, aún en las divisiones del ascenso, es siempre una excelente vidriera para mostrar talentos y al contar con la estructura de las inferiores te permite contar con más jugadores que salen con el pasaporte europeo", explica la misma fuente.

Antecedentes en contra
Los antecedentes de empresarios argentinos apostando al fútbol español no son buenos. El fracaso más estrepitoso -por lo promocionada que fue la operación- fue la compra del club Badajoz por parte de un grupo liderado por Marcelo Tinelli.

La estrella televisiva desembarcó en el fútbol español en 1998 con su empresa Esfinge 20 que adquirió el 57% del Badajoz, un histórico club del ascenso español que en ese momento militaba en la segunda división. De la mano de un acuerdo con Mauricio Macri -entonces presidente de Boca- un grupo de jugadores argentinos se sumó la incursión, aunque de entrada los resultados estuvieron muy lejos de lo esperado. Durante las dos temporadas bajo conducción argentino, el "equipo de Videomatch" peleó el descenso para no irse a la Segunda B (la tercera división española) y en 2000 Tinelli le terminó vendiendo las acciones a uno de sus socios.

A Daniel Grinbank no le fue mucho mejor con el Club Deportivo Leganés, un equipo de las afueras de Madrid que históricamente jugó en Primera y Segunda División. Grinbank llegó con un plan muy ambicioso que incluía la contratación de José Pekerman para hacerse cargo de las divisiones inferiores y una docena de jugadores de primer nivel, como José Chamot, Federico Domínguez y Lucas Pusineri (Nota de La Caldera del Diablo: finalmente no jugó por problemas en el pase, sí lo hizo el ex Rojo Mario Turdó).

Pero menos de un año después, Grinbank terminó rescindiendo el contrato que lo unía con el club -nunca llegó a comprar la sociedad anónima deportiva y solo firmó una opción de compra. "El acuerdo que tenía incluía un aporte por parte del ayuntamiento de Leganés, que se había comprometido a ampliar el subsidio que le daba al club, la cesión de un terreno para las inferiores y el acercamiento de un sponsor para la camiseta. Pero por razones políticas finalmente no cumplieron con ninguna de las tres condiciones y así el negocio no nos cerraba", explicó Grinbank a La Nación. Toda la movida le terminó costando al empresario argentino cerca de 5 millones de euros.

Diario La Nación
Sábado 22 de agosto de 2020

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