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El árbitro brasileño Anderson Daronco tuvo una noche flojísima en el Monumental. No midió con la misma vara jugadas clave y omitió el uso del VAR en la acción que cambiaba el partido. También son responsables los veedores del sistema y las autoridades de la Commebol.


Foto: Federico Peretti

Pésimo arbitraje del urso brasileño Anderson Daronco, muy por debajo del nivel del partido y lo que se estaba jugando. Ya de entrada el juez dejaría en claro algunas cosas, amonestado a Figal cuando apenas iban 3 minutos, por una falta menor, y obviando la tremenda plancha de Scocco a Gastón Silva, que podría haber sido expulsión.

Sin dudas que la jugada clave era la de Pinola, repetida hasta el hartazgo en la tele y fotografías, yendo de forma desmedida a barrer y dejando la pierna levantada para chocar la rodilla de Martín Benítez. Era penal y roja para el defensor de River, pero el juez ni siquiera se acercó a ver la jugada al VAR. Pareció escuchar lo que desde allí le decía su compatriota Wilton Sampaio, y con eso le alcanzó para determinar que nada había pasado.

Difícil pensar que si el juez principal veía esa jugada hubiera determinado otra cosa que no fuera la falta dentro del área, aún dándole la derecha de considerar o no la expulsión del jugador local. Está claro que si no quiso apoyarse en la tecnología es porque le pesó la responsabilidad que implicaba aceptar la falta, por no querer pensar mal respecto a quienes vieron la jugada por él.

Daronco eligió además tampoco ver ni pedir VAR tras la brutal salida de Armani a destiempo, y utilizando mal la fuerza, en la última jugada del partido que significó un traumatismo de tórax y el posterior traslado a una clínica de Maxi Meza. El partido ya estaba liquidado, y marcar una sanción de ese tipo tampoco le traería beneficios en el contexto de la Conmebol. Si había elegido amonestar a Casco faltando cinco minutos, después de cinco o seis infracciones graves a lo largo del juego...

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