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Más allá de la muy buena actuación de Independiente, aún con nueve hombres, en cancha de racing, queda nuevamente el sinsabor de haber perdido la serie como local.

Gran tarde de Independiente en el Inodoro Municipal. No hay duda de que se jugó con la actitud y el temperamento con el que se juegan las finales. Pese a las expulsiones de Méndez y Ortiz, la primera un grosero error de Loustau, la segunda una irresponsabilidad del Marciano, el Rojo con nueve hombres se fue al ataque y estuvo cerca del milagro.

Pero ¿qué pasó? Como ante Independiente Santa Fe por la Sudamericana, nuevamente quedó la sensación de que la serie se perdió en casa, ante nuestra gente, con todo a favor para ganarlo. En minutos fatales, distracciones absurdas y desorientaciones difíciles de explicar en este nivel,

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