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El DT de los Rojos, celebra el éxito ante racing, pide disculpas por su expulsión y confía en su trabajo para encauzar al equipo: "Indefectiblemente, a mí me va a ir bien; sé lo que es bueno para el club", asegura.

Cristian Díaz y su felicidad, con la camiseta que supo vestir y que ahora defiende desde el banco

Da la impresión de que encaja por el perfil. Sin conocerlo demasiado el gran público, a lo sumo por un par de notas de su etapa como jugador, en aquel subcampeonato de Enzo Trossero, en 2000, queda la sensación de que Cristian Díaz encaja en Independiente. Lo hizo como una pieza de rompecabezas tras la tumultuosa salida de Ramón Díaz: dejó la reserva y, en su debut, los Rojos le ganaron a Boca 5-4, en la Bombonera . Y se ajusta con la precisión de una rosca de tornería hoy, cuando aún resuena la victoria ante racing por 4-1 , con el plus de la renuncia de Alfio Basile y la posterior hecatombe en la academia.

Habla y, sobre todo, dice. Para Cristian Díaz es tan importante la palabra empeñada con La Nación como un mate con sus colaboradores. No apura las palabras, pero marca los tiempos, lo hace sentir. Sabe que, punto por punto, empieza a ganarse un lugar en el efervescente mundo de Independiente. Está lejos de la adoración, pero acumuló un buen crédito de entrada. Dice por enésima vez que los jugadores tuvieron el partido "soñado" contra racing y, a la par, vuelve a disculparse con todos por su expulsión, tras un exceso verbal con el árbitro Sergio Pezzotta. "Si me excedí, pido perdón". Enseguida, representa el escudo Rojo con la banda blanca que lleva en el costado izquierdo del pecho. Se le pide una explicación y la ensaya. Es un momento de quiebre.

"Los clásicos son aparte. No hay realidades que tengan razón de antemano. Contra Boca fue el ejemplo más claro: ellos eran primeros, invictos y con grandísimos jugadores. Independiente tenía todo para perder y se dio lo contrario. Hay que pensar que se puede. Cuando dicen que llegás mejor que el otro, es un error creerlo. Siempre hay que dar el 110 por ciento. Así, automáticamente, estás mucho más cerca de conseguir el éxito".

-¿Cuál fue el cambio?
-El clic lo hicieron los jugadores. Nosotros propusimos, pero el jugador fue receptivo. El partido con Boca fue una bisagra. A partir de ahí se recuperó la confianza. Cuando un jugador no la tiene, es muy difícil. Duda de todo. No es que no quiere: no puede. Independiente no podía. Estaba bloqueado. Las cosas no salían. A veces, un cambio de entrenador genera todo eso.

-¿Los jugadores te hablaron de la relación con Ramón Díaz?
-Muchas veces. Siempre les estaré agradecido a Ramón y a su gente porque nunca me cerraron la puerta de un vestuario. Fueron solidarios conmigo y nosotros trabajamos por y para ellos. Los jugadores siempre hablaron bien de ellos. Les dolió lo que pasó. Cuando el jugador está cómodo, no quiere que las cosas cambien porque está bien. Cuando no está bien, tampoco quiere que la cosa vaya mal. Quiere que las cosas se acomoden para que todo funcione. No pudieron. No es que no quisieron.

-¿Creés en el golpe de estado de un plantel?
-No. Sí creo que hay planteles en los que quienes no participan están de mal humor. Pero ese que no está bien espera que el DT lo ponga para ganarse el puesto y jugar. Lo que más quiere el futbolista es jugar y ganar, porque si no la semana es una porquería. Cuando no ganás, no te dan ganas de salir de tu casa. Vas a entrenarte y te pesa la cabeza. La cabeza gobierna al cuerpo. Nadie tenía la garantía de que la cosa iba a cambiar si se cambiaba al entrenador. Cuando se trabaja de buena leche, el jugador quiere estar y dar el máximo. A veces, la cabeza gira al revés y las piernas pesan mil kilos.

-¿Todavía te sentís en observación?
-Siempre. No hay un DT que no lo esté, sobre todo en la Argentina.

-¿Qué pasaba si perdías con racing?
-Alguno iba a putearme, seguro.

-¿Entendés las puteadas?
-Por ahora, como DT, no me tocó. Como jugador, me dolían. A veces me lastimaron. Hubo una época en la que sufrí mucho jugar en Independiente. En 1997 no la pasaba bien. Me daba más ganas de ir por la banda y, en vez de tirar el centro, irme al vestuario. La pasaba mal. Cuando cambió, quería jugar los 38 partidos del año en Independiente. Las malas no eran tan malas y las buenas eran mucho mejores por esfuerzo, por dedicación, por compromiso, por sacrificio. Acá aplaudieron a todos y putearon a todos. No veo por qué tengo que ser yo la excepción. Eso sí: haré lo imposible para que no me puteen jamás, pero no es fácil.

-¿La primera división es como te la esperabas?
-En cuanto al trabajo, lo desarrollo de la misma manera que en la reserva. Ocupo mucho tiempo. Pero tengo una mayor exposición y la responsabilidad es mayor. Y esa exposición ayuda que esa responsabilidad y ese trabajo se vean. Me imaginaba que era así. Es así hoy, cuando la mano viene de una manera, y creo que será así el día que nos toque perder dos partidos seguidos.

-¿La oportunidad te llegó muy rápido?
-Mi objetivo siempre fue dirigir en la primera, pero hay tiempos y realidades. Cuando me surgió la posibilidad de dirigir la reserva de Independiente fue un privilegio. Esa fue mi "pequeña primera división" y así trabajamos. Por eso las cosas salieron bien. Los tiempos fueron más rápidos de los que creía, pero me venía preparando. Buscaba esto, pero sin apuro. Si Gallego [Américo] decidía ser el DT de Independiente, yo volvía a mi lugar de trabajo y lo hubiera seguido haciendo de la misma manera, y más, para que mañana ya decidieran que Cristian Díaz fuera el técnico. Pasó lo que pasó y me agarró bien parado en cuanto a la maduración y al conocimiento del club.

-Con 36 años, ¿favorece la cercanía generacional con el plantel?
-Se habla siempre. Pero no hay una regla exacta. Hay técnicos grandes que ganan cosas o que les va bien; y hay técnicos jóvenes a los que no les va bien. El grande tiene la experiencia, el recorrido, y el joven tiene el ímpetu, las ganas, el no querer parar. A veces es contraproducente un caso o el otro. Hay que trabajar y ser uno mismo. Elegir un camino y no correrse.

-¿Qué sería que te vaya bien en Independiente?
-Es que a mí, al margen de los resultados, en Independiente me va a ir bien indefectiblemente.

-¿Por qué?
-Porque trabajamos. Porque tengo un pensamiento de club muy amplio. Sé lo que es bueno para el club. Después, el fútbol te hace ganar, empatar o perder. Esperemos que, sobre buenos resultados deportivos, podamos construir todo lo que pensamos. Vine a Independiente para quedarme. Algún día me iré, pero no quiero que sea a corto plazo. Quiero que sea a muy largo plazo. Y, si puedo no irme, no me iré. Quiero hacer todo lo que sea posible para que Independiente esté donde se merece.

-¿Cómo te manejás con los más grandes y los más chicos?
-Me gusta ser distante cuando hay que serlo, en los lugares en los que no puedo participar. Y me gusta ser cercano cuando puedo serlo. En alguna chanza, en algún diálogo, por más que el futbolista sea más grande que yo. No pasa por manejarlos, sino por conducir. Desde lo frontal y lo sincero es más fácil. No siempre vamos a coincidir, pero hay que tomarse la molestia de explicar el por qué con un argumento.

-¿Cómo vienen las nuevas generaciones?
-Respecto de las mías cambiaron mucho. Hay como los jugadores de antes, pero también hay muchos chicos rebeldes, que tal vez no tienen los mejores entornos. Atrás hay un montón de historias. Hay de todo. Veo mucho más materialismo desde edades muy chicas y eso conspira contra los entrenadores de juveniles. También están las cuestiones sociales. No pasa por jugar a la Play o dejar de estudiar. Algunos son padres, una criatura que tiene una criatura. Un niño tiene un bebé. No es normal. A veces, los entornos maliciosos ven un negocio. Los padres, también. Ven un Maradona y no lo es. Tienen que acompañar a sus hijos al entrenamiento, pero también al colegio.

-¿Se te acercan representantes?
-Sí. Soy respetuoso, pero mantengo mi distancia. Me preocupo por el tema estudio, familia, cómo te alimentás, cómo vivís. En la primera tenés que ser docente. Pero abajo tenés que ser, a veces, mucho más docente que entrenador.

-¿Cómo es dirigir un club con tantos problemas económicos?
-Y. dirijo mi club. Desearía que pudiéramos hacer algo entre todos para que Independiente vuelva a estar donde se merece. Hoy es grande por su historia, por su escudo, por la gente que tiene. Pero no es lo grande que debe ser por la realidad. Nos cuesta pelear torneos y todo es consecuencia de lo mismo. Hay una idea de cambiar esto. Hay cosas que mejoraron y hay cosas que deben mejorar. Aquel que quiere al club y tiene ganas de dar una mano, está invitado a hacerlo. Aquel que no, con que no ponga palos en la rueda es suficiente.

-¿Se puede estar mal institucionalmente y bien deportivamente?
-Sí, pero circunstancialmente. A Independiente le tocó: circunstancialmente ganó la Copa Sudamericana 2010. Después no pudo sostenerlo. Se puede encontrar un envión, pero después los problemas terminan jugando en la cabeza de todos.

-¿Los jugadores se quejan?
-Hay una voluntad dirigencial de estar del lado del jugador y de cumplirle de verdad. Es despacio. Hay muchos inconvenientes diarios y todos económicos. Yo diferencio entre las cosas importantes y las urgentes. Cuando surge una urgente, la importante pasa a un segundo plano.

Francisco Schiavo
Diario La Nación

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