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Como casi todas las veces que fue a la capital ecuatoriana, el Rojo se trajo otra derrota. Jugó muy mal pero tuvo en Hilario una barrera que impidió el papelón. Con todo, el 0-2 parece un buen resultado.

Otro resultado repetido del Rojo, que últimamente se acostumbró a viajar a Quito y volver derrotado. Esta vez, gracias a Hilario, la cosa no fue tan grave, aunque pudo haber sido catastrófica por momentos.

El equipo de Ramón controló el primer tiempo sin arriesgar casi nada, dejando venir al rival y tomando aire. La estrategia de riojano fue correr lo menos posible y dejarle tener la pelota a la Liga.

El buen partido de Hilario hacía que pEse al error de no tratar de tener la pelota, más la falta de pericia de Marco Pérez, la poca presencia de Defederico, uno de los encargados de jugar con el balón, el buen partido de Hilario hicieron que al Rojo le saliera más o menos bien la estrategia de aguantar.

Hasta que a los 42' llegó el gol de Liga, saliendo de un lateral y finalizando con Ambrosi eludiendo en el área chica y poniéndola contra el segundo palo, inatajable.

Apenas iban 9 del segundo tiempo cuando Liga elaboró una jugada que cubrió toda la mitad de cancha y prácticamente pasó por los pies de toda la delantera Blanca, para que Bolaños definiera al ángulo un golazo de otro partido.

El Rojo se desinfló y parecía estar pensando solo en acampar el temporal que se le venía. Si el local no aumentó fue por la impericia de sus delanteros, y porque Hilario volvió a tener otra noche de salvadas.

Ya sin piernas, y con diez porque a Delmonte no le dio más el cuerpo para seguir en cancha con los cambios realizados, Independiente tuvo la última de contra, y casi se lleva un premio mayor de haber entrado el remate de ¡Galeano!, apenas desviado.

El 0-2 tiene color a buen resultado por el planteo de todo el juego, por lo hecho y por la altura. Habrá que ver si en el llano el Rojo demuestra categoría para revertir la situación.

Emiliano Penelas

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