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Como quien tiene dos novias, Independiente no puede desatender a ninguna. Quiere la Copa, pero sabe que no debe descuidar el torneo local, donde necesita con urgencia comenzar a sumar de a tres.

Esta cabecita de novio distraído que tiene el Rojo es la que por estos días nos afecta a todos los hinchas, los que estamos ilusionados con volver a jugar la Libertadores ni más ni menos que contra un rival histórico, en lo que no dudamos llamar como un "clásico rioplatense", pero al mismo tiempo somos conscientes de que no se puede descuidar el Clausura.

La agenda aprieta, y salvo quizás Estudiantes o Vélez, porque se conocen desde hace tiempo, no hay plantel en el fútbol argentino que resista dos competiciones dando el máximo en ambas. Independiente no es la excepción, y pudimos comprobarlo el año pasado con la Sudamericana, que es un torneo en cantidad de partidos mucho menos exigente aún que la Libertadores.

Mohamed lo sabe, y por eso está pensando algo que nos hizo debatirnos sobre sus efectos. Decidió resguardar algunos jugadores para mañana, con la mente puesta en el clásico local ante River. El Millonario, comprometido con el descenso en esta temporada, sumó en el Apertura y sigue con buen pie en el Clausura. Tanto, que sólo está a cuatro del Rojo, que desde hace diez partidos no logra quedarse con tres puntos. El Turco sabe entonces que el del domingo es un choque especial para poder tomar un poco de aire y sacarse una presión extra: sólo ganó un partido por el torneo local desde que llegó al Rojo, el clásico contra racing.

La decisión implica que frente a Peñarol haya otros nombres, como Leandro Gracián, quien no fue utilizado en ninguno de los partidos del año, o Cristian Pellerano y Maxi Velázquez. El regreso de Galeano será un buen augurio, pero todos sabemos que juegue quien juegue mañana (y el domingo) la exigencia será ganar.

Emiliano Penelas

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