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Demasiado solo en el ataque, a Silvera le alcanzó con poco para transformarse en lo mejor de Independiente en el clásico.

Foto: Federico Peretti

Ya había mostrado algunas cositas ante Argentinos Jrs., y otro poco ante Vélez, demostrando que a pesar de ser el más veterano del plantel a Andrés Silvera le alcanza con poco para ser el referente de este equipo que no encuentra un destino futbolístico definido.

Ayer frente a River el Cuqui tuvo la primera chance clara del Rojo pero se le fue un poco larga, llegó al fondo de la cancha y tiró un centro atrás para la entrada de Fredes, que no alcanzó a conectar. Iban pocos minutos, pero el hombre de área de Garnero comenzaba a inquietar.

En la segunda que tuvo no perdonó. Mareque -quizás el otro que salvó el examen en Núñez- recuperó en el medio y le puso un bonito pase a espaldas de los defensores. Silvera, goleador de raza, le pegó de primera cruzado y agarró a Carrizo a contrapie, volviendo a su arco. Era el empate con una jugada de otro partido, cuando River se había puesto en ventaja y dominaba el encuentro.

Claro, las cosas sólo tardaron un minuto en volver a la realidad, cuando Funes Mori puso el 2-1. Silvera, sin descollar, se impuso sobre la mediocridad que mostró el Rojo y siguió siendo el único jugador que pudo mostrar algo más entre sus compañeros. Germán Pacheco volvió a mostrar voluntarismo corriendo todas, pero no alcanzó volumen de juego y desaprovechó las pocas que tuvo.

Mientras, Silvera solo allá arriba, supo de qué manera complicar a los defensores Millonarios y mantenerlos ocupados. Bajó a buscar las pelotas que no le llegaban (mal partido de Gracián) y encontró un poco de asistencia en los minutos que compartió con Nicolás Martínez.

Emiliano Penelas

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