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Nacido y criado en las Inferiores de Independiente, Diego Forlán se convirtió en el Pichichi de la Liga española y en la Botín de Oro europeo, mención para el mejor anotador del continente. Aquí un repaso del diario Olé a la historia goleadora de Cachavacha. De Bernardo Ragg a Diego Alves. Todo en menos de diez años...

Archivo '98, su primera foto en Olé, en el predio Rojo de Villa Domínico.

Bernardo Martín Ragg se acaba de enterar, por Olé, que fue parte de la historia. De repente, este entrenador de arqueros del Pontevedra, equipo de Segunda B española, volvió a flashear con aquel blondo delantero que, con el dorsal 28 sobre su espalda, perdió la virginidad en la red y que hoy no deja de lucirse en las marquesinas futboleras gracias a su poder de fuego. "Fue una noche de bloopers. ¡Joder, no me hagas acordar! Yo atajaba para Belgrano. Era el último partido antes de las vacaciones. Ganábamos 2 a 0 y Ariel Montenegro metió el tercero. Salimos todos a festejar hacia el banco de suplentes. Encima, nos debían un par de meses de sueldo. A lo mejor, así, podíamos cobrar algo. Pero el línea cobró offside y Pontiroli fue el más listo. Le metió una ostia... Todavía pienso en mi corrida detrás de Graf. Pasamos del 3-0 al 2-1. En cinco minutos, nos dieron vuelta el partido. No sabés la cagada que me mandé. Quería dejar de jugar. El partido se suspendió porque tiraron un pedazo de caño a la cancha. Yo me quería matar...", nos asegura a la distancia, espacial y temporal, el ex Platense, racing y Atlanta que se retiró en el equipo granate de Galicia allá por 2004, con 35 años. Aquella noche, fue premio Chenemigo. Hoy, en Pontevedra es Dios. Supo ser ayudante de campo y ahora, en esta ciudad de 60.000 habitantes, hace didáctica con los porteros. Les explica cómo dejar de sufrir con tipos como Diego Martín Forlán Corazzo...

Una noche, la del 18 de diciembre de 1999, comenzaba el romance oficial del uruguayo y la red. Casi un año antes, el 25 de octubre de 1998, el Flaco Menotti lo había hecho debutar en un juego intrascendente frente a Argentinos Juniors (1-1). Pero aquel bautismo triunfal fue en la capital cordobesa, en barrio Alberdi, contra los Piratas. A falta de 12 minutos, cayó un centro de Claudio Graf desde la derecha y Diego generó una pirueta, una palomita entre los centrales que terminó en el ángulo izquierdo, adentro, donde tiene que terminar... Ragg, justamente, fue su primera víctima. Otro sábado, el 30 de mayo de 2009, en la capital española, en el Calderón, ante Almería, le tocó al brasileño Diego Alves. Era el 3-0, el pase a la Champions, la apropiación del Pichichi, ese premio otorgado desde 1953 por el diario deportivo Marca al goleador de la Liga y que lleva el apodo de Rafael Moreno Aranzadi, implacable delantero del Athletic Bilbao a mediados de la década del '10. Con un zapatazo desde afuera del área, Cachavacha conseguía su 32° grito en la temporada. Fueron 16 con derecha, 15 con la zurda, uno de cabeza... Los consejos de Pablo, su papá, de darle en los campitos de su Carrasco natal con las dos piernas contra una pared surtieron resultado. También el ADN de Juan Carlos, su abuelo, otro ex jugador de Independiente y técnico de la selección uruguaya en el Mundial 62. Sólo se intuye que es diestro porque con esa mano firma cientos de autógrafos. Qué cada vez serán más...

Prefirió mantenerse en silencio durante todo el domingo, antes de subirse al avión para volverse a Montevideo. El Maestro Tabárez lo esperaba con los brazos abiertos. Se vienen las Eliminatorias. Se viene Brasil en el mítico Centenario. Y el rubio esperaba que el húngaro Marc Janko también se quedase corto como el camerunés Samuel Eto'o. El gigante delantero del Red Bull Salzburgo, con cinco goles, podía sacarle de las manos, de los pies, la Bota de Oro, el trofeo que UEFA le entrega al máximo goleador europeo. Claro, la liga española multiplica por dos (por el grado de complejidad) y la austríaca sólo 1,5. Pero el equipo de Janko, campeón y todo, cayó 4-1 en casa frente al Altach (a pesar de que todos los pases iban para Marc) y Dieguito, así, volvió a llevarse la cocarda que, ya en 2004, compartió con Thierry Henry. Por algo, aunque tiene contrato con los Colchoneros hasta el 30 de junio del 2011, Liverpool y Barcelona ya le pusieron el ojo a este charrúa de 30 años. Claro, la cláusula de rescisión oscila los 36 millones de euros... En Avellaneda también rezan. Si se da una venta que cruce las fronteras españolas, el Rojo volverá a cobrar por los derechos de formación... Un crack.

"Estoy contento por salir goleador del fútbol español. Con la calidad de delanteros que hay acá, es increíble haberlo logrado, teniendo en cuenta que hubo cinco partidos en los que, por lesión, no pude estar, y después de haber remontado a un grande como Eto'o. Es la segunda vez que me ocurre aunque creo que ahora tiene más repercusión que cuando me sucedió en Villarreal", dijo el autor de 32 goles en Atlético en 34 partidos (y con 12 gritos en los últimos ocho juegos). Desde Ronaldo que alguien no superaba la barrera de los 30... Pero, en la Liga, Diego ya lleva 102 repartidos entre 25 clubes (al Bilbao le metió diez). Sus cómputos son tremendos. En Manchester United (donde llegó por 9.163.000 dólares en enero del 2002), sumó 17 en 96 encuentros –con tres vueltas olímpicas, claro-. En Villarreal, donde llegó en agosto el 2004, metió 58 en 126 matches. Y ahora, en Atlético de Madrid (donde llegó por 23.000.000 de euros), acumula 54 en 86. Una bestia. Sin olvidar sus 14 conquistas a nivel selección...

Tres títulos locales, una Intertoto, dos veces Bota de Oro, dos veces Pichichi, ganador del Trofeo EFE (2005), embajador de UNICEF en Uruguay... Cachavacha es el mismo pibe, más grandecito ya, que con el guiño del Pato Pastoriza recaló en las Inferiores de Independiente, en la vieja pensión frente a la ya derruida Doble Visera. "Ese año y medio fue espectacular. Si pudiese volver el tiempo atrás, haría lo mismo. Recuerdo a la uruguaya que nos cocinaba, los pibes, las caminatas para almorzar en la sede, la única tele. Y el tren pasando cerca, claro", le recordaba Cacha a este diario en su última visita al país. "Todavía me acuerdo cuando le hice los dos goles a Boca. Ellos venían de ganarle la Intercontinental al Real Madrid. Ahí empezaron a cambiar las cosas. El gol a racing también fue especial. Lástima que nos empataron sobre la hora... Siempre mostré mis ganas de terminar mi carrera en la Argentina. Hasta en España me piden que vuelva al Rojo", agregó. Y es lógico. Independiente sumó 36 goles en toda la temporada. Forlán solito hizo 32...

"Es un tipo increíble. Acá nos conocemos todos. Los entrenadores de arqueros hicimos hace poquito un master y, a nivel Primera y Segunda división, se visualizan mucho los partidos. Por suerte, para los nuestros, en Segunda B no hay Forlanes. ¿Qué les podés decir a los porteros? Con definidores así es imposible... En el Manchester ya se le veía. No es el típico jugador que aparenta. Vive para y por el fútbol. Se nota. Se cuida. Es un deportista íntegro. Pícaro, ningún tarado. Goleador todos los años. Juega bien al tenis, juega bien al padel. Y en el fútbol ni te cuento... Diego te mata. Es un killer", cerró Ragg. Con las heridas cerradas. Cayó ante el mejor. Ante el mejor de Europa. Forlán nunca fue un pichi. Pero ahora es un Pichichi...

Martín Macchiavello
Diario Olé, 1 de junio de 2009

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