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Independiente, con un segundo tiempo muy bueno, derrotó por 2 a 0 a Boca con goles de Montenegro, el segundo de penal. El Rojo volvió a ganarle a Boca luego de cinco años, y la alegría fue grande para todos los hinchas que coparon el Ducó.


El Rolfi Montenegro frotó la lámpara y sacó un zapatazo terrible que dejó sin reacción al Pato Abbondanzieri. Iban 10 minutos del segundo tiempo y el Rojo empezaba a consumar en el marcador una superioridad que ya venía dándose en el juego, y que pudo liquidar con otro gol del capitán, de penal, a la media hora de juego.

Pero comencemos por el principio, porque apenas iban unos pocos minutos de partido cuando la cosa empezó a cambiar. Pezzotta, de pésimo arbitraje en general, amonesta por segunda vez a Mouche cuando iban 23 minutos. Enseguida los jugadores de Independiente le advierten que el delantero de Boca (que estaba complicando mucho por el lateral derecho a Ledesma y Puertas) ya había recibido una amarilla. El juez advierte su error y expulsa al juvenil Xeneize.

Claro que Boca tiene una riqueza en su plantel que no vamos a descubrir ahora, y los diez hombres tampoco significaban demasiado, sobre todo en un Independiente que aunque tenía controlado al rival no generaba juego en ataque. Nuevamente no sabemos por qué Santoro optó por incluir desde el arranque a Moreno y mucho menos a Ledesma.

El colombiano no presionó, no tuvo chances de gol y no fue productivo para el equipo a nivel estratégico. El volante, por su parte, es la intrascendencia misma. Sin marca, pero también sin volumen de juego, la derecha del campo era una invitación al ataque para los jugadores de Boca.

La contracara eran Pusineri y Federico Mancuello. San Lucas fue el imán por el que pasaba cada pelota, desde el inicio del partido. Robó, metió, quitó y distribuyó como un número cinco clásico, aunque un poco más tirado sobre la izquierda. El juvenil, con empuje y calidad, era el motor de los ataques de Independiente, y con el correr de los minutos fue el socio ideal para el Rolfi Montenegro, que comenzó a crecer pasada la media hora inicial.

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Pero lo mejor del Rojo y del partido vino en el segundo tiempo. A pesar del ingreso de Riquelme, Boca dejó de tener presencia de mitad de cancha hacia adelante, el equipo de Santoro creció en ofensiva y poco a poco fue torciendo la cancha. Hasta que Montenegro tomó una pelota pasado el círculo central, corrió y a 30 metros del arco decidió pegarle como suele hacerlo para clavar un golazo junto al palo.

Delirio en la tribuna y más confianza dentro del campo, porque desde ese momento fue el Rojo quien dominó el partido. Siguió el despliegue de Mancuello y Pusineri, pero se agregaron un par de subidas de Mareque y la presión abajo de Puertas y Tuzzio, para contener a Palermo, Viatri y Figueroa. Boca ponía tres nueves para torcer la historia.

Hasta que un tiro libre de Riquelme fue a las manos de Assmann y se inició un gran contragolpe que terminó con Mancuello mano a mano con Abbondanzieri, quien salió y derribó al zurdo cuando le pasó la pelota por un costado. Pezzotta cobró penal, aunque no expulsó al uno, y Montenegro anotó el segundo gol de la noche.

El broche lo pudo poner Fredes, quien se quedó en mitad de cancha con un rechazo fallido del Pato y le pegó desde ahí. La pelota, caprichosa, picó en el área chica y se fue por encima del travesaño. Hubiera sido ideal para terminar un gran segundo tiempo y una enorme alegría y desahogo para todos los de Independiente.

Emiliano Penelas

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