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Quique Larrousse y una nueva entrega de su columna "Jugar sin la pelota".


En este preciso momento estoy vivo. Estoy escribiendo o poniéndole voz a los escritos que nacieron y la velocidad del tiempo, de cuya verdadera aceleración no podríamos ni imaginar, los aleja del presente. Pronto son historia, aún cuando tal vez todavía no fueron leídos o escuchados. Cada uno de nuestros hechos van de la gesta al pasado con la dinámica inalterable del transcurso de la vida y antes que seamos conscientes ya son una huella amable de lo recordado. 

Parece vacuo el sentido de esta reflexión pero la realidad es que así es la relación de nuestro presente con su descarte. Todo es un constante paso de instantes inasibles. Todo es conciencia y recuerdo. No existe otra instancia porque el futuro no se ve. Es por eso que la historia te dice quien eres y en el fútbol tenemos la suerte que nos dice mucho por ser hinchas de Independiente. El fabuloso Club que nació para ser grande.

Le sucede a quien tiene la capacidad de amar, que si logra llegar a la cúspide, ha de amar la marca que su amor deja donde sea que va. Transpolado a la pasión por el eterno Independiente de Avellaneda, cada rincón, cada sitio, cada huella marcada a fuego por el sentimiento en el camino de la vida y su remembranza, se hace cicatriz de pertenencia. Es como lo entendemos. Y visto está que muchos que no encuentran el amor de una persona, sólo cuentan con el amor por Independiente. Y en todo caso así se escribe la historia grande de un club muy grande, tanto que más investigamos y más nos sorprende. Aunque presumimos, por atesorar una sucesión de argumentos históricos no igualados, de ser el campeón de campeones. Algo de eso es cierto.


En la calle Santa Catalina al 1500 del barrio de Pompeya, en el departamento en PH del domicilio, al fondo del pasillo, en la cocina y una noche cualquiera de 1960 los brazos paternos levantan upa un pequeño de dos años. Hay aroma a sopa de verduras con fideos cabello de ángel. Nada opacará el colorido de esa cocina. Cada cosa está en su lugar. El ama de casa tiene casi a punto la cena. Y mientras sirve el caldo cargado llama a comer. El marido con el niño a upa, señala el cuadro destacado con la foto de Independiente formado, rojo impecable y llamativo e imponente que domina la escena colgado en la pared. El hombre le canta al pequeño hijo: "dale Ro... dale Ro..." 

Pasaron 6 años. Justo a mitad de cuadra de la Av. Santamarina al 200, a una cuadra y media de Plaza Mitre, estaba el Mercado "Oriente". Ya casi es horario de cierre. El grito de gol del relator viene de la Spika que tiene prendida el carnicero y se hace eco en toda la nave llegando a los puestos Gran jugada de Luis Mura pone el 4 a 1 a Peñarol y el momento es huella marcada a fuego. Independiente es mágico cruzando la cordillera con ese triunfo de la América toda. Cada instante queda perpetuado en la memoria. Como la tarde que volvió Raúl "el Loco" Bernao de la tragedia. Como la tarde que volvió "el Bocha" de su depresión.

Miles de momentos son columna vertebral de una épica llamada Independiente. Aquel 23 de Noviembre del 63 en que la hinchada cantaba por las calles de toda Avellaneda tras hacerle 9 a San Lorenzo, la torrencial lluvia que inundó Alsina, Av. Pavón y parte del distrito aún se cuenta en la sobremesa de los añosos. La apilada histórica de un colimba, Ricardo Bochini chapaleando el barro en noche de Copa con su genialidad y el 2 a 0 a Central. Una tarde cualquiera de los 60 y la Erico se levanta para ver mejor la magia del "Loco" Bernao que iba dejando rivales tirados bien pegado a la línea hasta liberar su veloz diagonal al área. El sablazo del correntino "Pancho" al ángulo de Stuy para empatarle con desesperación al Ajax.

La carrera descontrolada de Roque Avallay que terminó en el agua del foso qué dividía la platea con el campo. El golazo de Maxi Meza a racing el 14/05/2017, el correntino apelando rivales y sellando el clásico. Esa emboquillada histórica de Mario Rodriguez al arquero Sosa de Nacional aquella noche del 12/8/64 en que ganó la primera Copa Libertadores. Un mes antes, el 15 de Julio, Luis Suárez había cerrado el Maracanazo ante el Santos de Pelé. Miles de momentos gloriosos, únicos, emotivos, eternos, en su tiempo fueron presente. Fueron fundantes. 

Independiente, destinado a reproducirlos, los busca en la historia y están. Es posible que esa memoria y cada nuevo presente le devuelvan la energía latente de repetirlos para honra de su estrella. Que así sea.

Quique Larrousse

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