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En un clásico que tuvo un tiempo para cada lado, Independiente lo perdió por errores defensivos cometidos en momentos claves, al inicio y sobre el final, cuando parecía que podía darlo vuelta. Mucha bronca y protestas al final. 

Difícil analizar este clásico en caliente porque Independiente jugó quizás la mejor media hora desde la llegada de Domínguez, pero también volvió a regalar el primer tiempo y hasta fue superado ampliamente, más allá de que el resultado y las acciones concretas no hayan sido más.

El Rojo arrancó dormido, y un grosero error defensivo que comenzó con un lateral a la altura del área de racing, Chancalay corriendo casi toda la banda solo, ni Vigo ni Barreto logran cerrar, el remate del delantero fue al palo sobre la salida de Sosa y Hauche, con el arco a disposición, marca el primero del encuentro cuando sólo iban dos minutos. La etapa fue puro nervio para el Rojo que jamás hizo pie, se vio superado siempre por racing, que manejó la pelota y los tiempos a voluntad, siendo muy superior aunque sin generar acciones concretas de peligro. 

A la floja tarea de los centrales se sumaron la falta de efectividad del sistema de doble 5 que no podía contener los contragolpes, las espaldas de Vigo que eran constantemente ganadas, un Batallini que peleaba pero chocaba y el solitario Benegas que hacía lo que podía. En el vestuario Domínguez metió dos hombres destinados a crear y morder un poco más, y le dio resultado, sobre todo con el empuje y la variante de velocidad que aportó Lucas González, autor de un golazo que fue todo suyo, en una jugada donde encaró, hizo una diagonal y sacó un remate potente que se metió abajo tras dar en la base del palo. 

El empate y la actitud cambiaron todo. El Rojo se hizo dueño del juego y racing se replegó, ensució el juego todo lo que pudo y con los minutos parecía satisfecho con el 1 a 1. La gente de Independiente empujaba y el equipo iba. Benegas estalló el palo, Lucas Rodríguez se cansó de tirar corners, pero faltaba la puntada final que no aparecía. 

Y cuando el Rey de Copas parecía que lo iba a dar vuelta otra vez el desconcierto atrás, una pelota que va de una banda a la otra, el cabezazo de Mura entre Barreto e Insaurralde para la aparición en soledad de Copetti y marcar el segundo de la academia cuando faltaban cinco minutos, que con tiempo adicionado y todo no alcanzaron para nada más. Mucha bronca al final, gritos entre los hinchas, algunas escaramuzas en las tribunas y junto al palco presidencial para cerrar la noche en Avellaneda. 

Emiliano Penelas

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