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Independiente nunca le encontró la vuelta al Clásico, y terminó perdiendo "a lo racing". Las culpas repartidas para hacer tábula rasa.


Se ganaba con pibes, con equipos desastrosos, jugando con menos, con más, sin arquero o con arqueros en jogging. Pero lo perdimos así, un clásico que tuvimos a merced y nunca se puso sobre la cancha lo necesario.

Un plantel chato, sin refuerzos, un planteo mezquino aún con dos hombres más, y los pibes poniendo la cara para tapar baches. Pésimo nivel de Braian Romero, muy flojo Lucas Romero. Inexistente Cecilio Domínguez, morfón Leandro Fernández, intrascendente Domingo Blanco. Y la lista sigue.

Pusineri, que agarró un fierro caliente y hasta le limpiaron lo poco que había, quemó los papeles de los primeros partidos y fue al Inodoro a especular. Pobre desde lo táctico, le faltó fuerza para torcer el rumbo en el vestuario y con los cambios.

Párrafo aparte para una dirigencia que no aparece en los momentos claves, que es responsable de no haber podido cerrar ninguna incorporación para este mercado y que abrumada de deudas prefirió dejar ir a todos los que no podía pagar los contratos que ellos mismos firmaron.

Así se perdió un clásico, pero también la identidad del Club y el sentido de pertenencia que no sólo da ganar partidos como estos. Ojalá el jueves estemos festejando en la Copa, pero más allá de que la pelota entre hay mucho para ver detrás del vidrio.

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