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Aplica la técnica de coaching con los futbolistas. Es una de las tantas innovaciones que llevó el técnico Ariel Holan. Y que les da resultados.


Alejandro Kohan no es un simple preparador físico. En el ambiente del fútbol todos lo conocen porque ha sabido trabajar al lado de figuras como Timoteo Griguol, Daniel Passarella, Alejandro Sabella, Matías Almeyda y, ahora, Ariel Holan en este Independiente que logró meterse en la semifinal de la Copa Sudamericana después de siete años. Pero, además de ocuparse de entrenar el físico de los futbolistas ya hace un tiempo que también se ocupa de ejercitarles el ánimo con sesiones de coaching, una actividad en expansión tanto en lo deportivo como en el mundo empresarial.

"Es una disciplina que da muchas herramientas para mejorar la calidad, sobre todo, de la comunicación. Hablar es sólo una parte de la comunicación, la otra es escuchar. Cuando uno mejora la escucha se amplifican las posibilidades de mejorar la comunicación con el otro. Nos cuesta mucho escuchar al otro, lo que le pasa", le explica Kohan a Clarín entre las modernas máquinas del centro de entrenamiento de alto rendimiento que posee en el barrio de Núñez, dentro de las instalaciones del Club Tiro Federal, a metros de la cancha de River. "Siempre le di más importancia a lo físico, pero con el correr de los años fui sintiendo que me faltaban herramientas para ayudar al jugador del cuello para arriba", cuenta y recuerda que fue su mujer, especialista en programación neurolingüística, la que lo motivó a meterse en el coaching.

En 2013 hizo la carrera y la primera vez que lo implementó en el fútbol fue en su paso por Banfield. "Ya lo había probado en River, en la B Nacional. Estanislao Bachrach (biólogo argentino, autor del libro Ágil-Mente) vino a trabajar un poco con nosotros y me abrió la cabeza. Me llamó la atención todas las posibilidades que se abrían a raíz de trabajos en grupo", reconoce.

En Independiente son los propios referentes quienes remarcan la importancia de esas charlas de coaching. "No hago terapia, pero el profe nos ayuda mucho en la concentración y atención", le dijo a este diario el capitán Nicolás Tagliafico. "Nunca lo había experimentado y noto la diferencia. Nos hace muy bien como grupo. Fue un cambio enorme en lo humano. Saber que tenés un grupo atrás que te acompaña te hace brindarte mucho más dentro de la cancha. Este grupo es donde más amigos hice en el fútbol", reveló Juan Sánchez Miño.

Una vez por semana, generalmente el día anterior a cada partido, el plantel se reúne en una habitación de la concentración y mantienen una sesión de coaching a cargo de Kohan de una hora de duración. "Se trabaja sobre los valores del grupo y ellos (los jugadores) son los que van armando el contenido", aclara el Profe, uno de los pilares del cuerpo técnico comandado por Holan que le ha devuelto el juego y el coraje al equipo rojo.

-¿Algunos jugadores miran de reojo todo esto al principio?
-Cuando hay un buen vínculo afectivo el jugador se abre y confía. En Banfield, en Defensa y Justicia y ahora en Independiente tuve procesos de mucha apertura por parte de los futbolistas. Ellos son los que tienen que interactuar. Uno puede generar un tema disparador, pero ellos son los que van construyendo la sesión. Me encanta ver cómo se comunican de temas que van más allá de la pelota, temas de la vida. También se trabajan los objetivos y metas personales en diferentes áreas. Tienen un cuaderno en los que anotan sus objetivos. Un caso que me pegó mucho fue el de Tagliafico, que cuando lo citaron a la Selección vino y me dijo: “Esto lo tenía anotado desde que estábamos en Banfield”. Me provocó una emoción enorme.

-¿El futbolista de hoy está expuesto a una carga psicológica mayor a la de tiempo atrás?
-Sí y uno de los objetivos es estimularlos para que tengan mayor estabilidad en un medio de tanta presión. Todos necesitamos tener momentos de tranquilidad interna para encontrar claridad mental. Alivia tener herramientas prácticas que sirvan para esto en un medio en el que se depende de los resultados todos los fines de semana.

-¿Cómo se vincula el trabajo emocional con lo físico a la hora del partido?
-Trabajamos de manera integral. En los entrenamientos vinculamos lo técnico, lo táctico, lo físico y lo emocional. Este plantel de Independiente, por ejemplo, tiene identidad de juego, pero también tiene una identidad emocional, humana. Se brindan y son solidarios entre ellos. Ese feeling que tienen afuera lo trasladan al juego adentro de la cancha. Se ayudan mucho, se alientan, se empujan unos a otros.


-¿También es una manera de combatir el ego del futbolista de hoy, que parece creerse estar sobre los demás?
-Sí. Porque se abren espacios que van más allá del fútbol que tienen que ver con su vida. Por ahí uno le cuenta a otro algo que le está pasando en otro ámbito. Empieza a haber una mayor relación a partir del respeto. La cargada y el señalar el defecto del otro está muy instalado en nuestra sociedad y eso hay que cambiarlo. Hay que remarcar lo bueno del otro, arengarlo. En un trabajo en equipo, uno puede utilizar su fortaleza para apoyar el punto débil del de al lado y viceversa. Es un complemento. En el vestuario de Independiente todos se sienten contenidos y seguros.

-¿En el fútbol la meta grupal es alcanzar un título o se habla de otro tipo de metas?
-Obviamente que aspiramos a ganar algo, pero nos gratifica ver el crecimiento de los chicos desde que empezamos. Todos fueron creciendo, hay algunos convocados a la Selección. El objetivo es ir evolucionando en el rendimiento de manera individual y grupal. Su crecimiento nos va acercando a un título. Uno no puede prometer títulos, pero sí puede ofrecer un crecimiento a través de un proceso de entrenamiento integral.

-¿Entiende el futbolista que más allá de que se mate entrenando si no está lúcido de la cabeza será muy difícil llegar a su plenitud?
-Los futbolistas son inteligentes. Saben que para llegar al alto rendimiento necesitan estimular cada área. Así como necesitan venir al gimnasio, también necesitan entrenar la parte emocional para encontrar estabilidad y confianza. En el fútbol se ganan y se pierden batallas, pero solamente a través de la perseverancia se gana la guerra, deportivamente hablando. Es fundamental la fuerza interna para sostener en el tiempo el rendimiento. El salto se da cuando el jugador entiende que todo depende de lo que él pueda dar y se deja de estar tan pendiente de lo de afuera.

-¿Qué es lo que más le cuesta al jugador en este proceso?
-Hay un libro muy interesante que se llama "Focus", que tiene que ver con cómo estirar el período de atención. A todos nos cuesta tener resistencia en la atención, esto es estar haciendo algo al cien por ciento. Es una cuestión a entrenar. Trajimos a trabajar a una persona que hace mindfulness, que es un método de atención plena. La clave es hacer foco.

-¿Se puede mantener la atención durante los 90 minutos?
-No es sencillo, pero se debe entrenar y darle la posibilidad al jugador de poder acercarse. Hay que entender la resistencia física a partir de sostener la atención en períodos más prolongados. El futbolista juega con una conversación interna y a veces ese parloteo interior es muy alto y lo saca de foco. Ayudarlos a bajar el volumen de este lorito interno favorece el rendimiento.

-¿Qué fue lo que más te sorprendió en alguna sesión de coaching con un plantel?
-Me gustó muchísimo cómo surgió el lema de “Compromiso, actitud, intensidad” de este plantel. Salió de los jugadores. Definieron qué valores querían que tuviese este grupo y como plataforma eligieron estos tres valores que coinciden con las siglas del club (CAI). Son muy coherentes entre lo que dicen y lo que entrenan día a día. Están comprometidos y se brindan.

Nahuel Lanzillota
Diario Clarín, lunes 27 de noviembre de 2017

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