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Independiente cayó sin atenuantes en el clásico de Avellaneda jugado en Salta. Como en el campeonato, la academia lo goleó 3 a 0 y el Rojo jugó sin actitud ni amor propio. Solo se salvan los pibes, que pusieron amor propio.


Es sólo una cuestión de actitud. Pero también de fútbol y compromiso. Y esta noche Independiente volvió a jugar el clásico como lo había hecho en el Inodoro, como si nada hubiera cambiado, como si aquella vergüenza en casa del vecino no hubiera dejado enseñanza.

El Rojo estuvo en partido solo unos minutos, racing pegó dos veces llegando con claridad y espacios, y todo se descontroló. No hubo más planificación ni idea. El segundo tiempo dejó sólo una cosa: la puja de los juveniles, en especial Togni y Blanco, que con amor propio intentaron lo que pudieron.

Sobre el final, el golazo de Brian Fernández dejó expuesto todo lo malo que pasó en la noche salteña.

Emiliano Penelas

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