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El máximo ídolo de la historia de Independiente justificó haber estado ayer en el Nuevo Gasómetro viendo a San Lorenzo en la final de la Libertadores. Y dijo que no sabe si seguirá en el Rojo. 

El Bocha siempre confesó que de chico era hincha de San Lorenzo, y anoche fue a ver su consagración por primera vez en la historia de la Copa Libertadores, cosa que a muchos de Independiente no les cayó bien, por más que el Bocha se haya cansado de levantar copas con el Rojo (73,74,75 y 84, además de las Intercontinentales 73 y 84).

"Fui porque mi hermano y mis sobrinos son hinchas de San Lorenzo. Yo también era de chiquito. Y por medio de algunos contactos les conseguí entradas y los acompañé", le contó este jueves a Olé.

"¿Así que a algunos hinchas les molestó? No sé, pero para mí, no tiene nada de malo. El que se enojó, que se enoje. No es que fui a ver a Racing, que es el clásico rival. Seguramente si racing jugaba una final o un partido importante, no hubiese ido", agregó.

Respecto a su presente en el Rojo aseguró: "Estoy a la espera de una charla, de que me llamen los nuevos dirigentes. A mí todavía me deben plata de la gestión anterior. Un día hablé con Hugo Moyano, quedamos en charlar, pero todavía no se dio. No sé si voy a seguir en Independiente...".

Consultado sobre el debut de Jorge Almirón en el triunfo ante Rafaela, el Bocha opinó: "Me gustó la actitud que tuvo el equipo de ir hacia adelante, la rapidez para llegar al área rival, pero defensivamente no anduvo bien porque le crearon varias situaciones claras de gol".

Por último, el mayor ídolo de la historia de Independiente adelantó que se viene su libro, algo que lo entusiasma mucho: "Lo está escribiendo el periodista Jorge Barraza y calculo que va a salir publicado en noviembre".

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Anónimo dijo... 14 de agosto de 2014 a las 22:59

Amanda dice:
Ay Bochini, Bochini. Qué arte de ser sofista, que en otros términos quiere decir no ser del Rojo. Dan vuelta en la web viejas páginas donde declaraba, cuando todavía era jugador, que quería terminar su carrera en Boca. Siguió en Independiente tirando siempre fósforos encendidos sobre el fuego del incendio prendido por los cipayos. Eso sin, sin hacer nada. Obsérvese lo prosaico de su declaración que entre comas aclara que se le debe plata. El problema de este excelente jugador es que está convencido que su pasado lo precede, pero cuando el pasado abre la puerta se olvida que él viene atrás y junto con el presente, le cierran la puerta en la cara.
Después de todo, tal para cual: San Lorenzo no sólo vendió la cancha, también su primera final en la Libertadores, tal vez sabiendo que iba a necesitar 54 años para, con mucha suerte, llegar a la primera final.