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No se jugó bien ante un rival con carencias en todas sus líneas, pero hubo amor propio, batalla y ganas de quedarse con la primera victoria en el Apertura. El resto, quizás, vendrá después.

Una cosa quedó clara cuando Alejandro Toia pitó el final del partido: había muchas ganas de festejar, de salir de perdedores, de ganar al menos un partido pidiendo la hora ante un rival que no tuvo ideas pero complicó. No es otro Independiente, no hay Barcelona ni Manchester. Es el mismo equipo, que en esta fecha mostró otra voluntad jugando ante varias adversidades.

Ni bien llegaba a Avellaneda el micro del Rojo fue recibido a huevazos por sus propios hinchas. El fastidio de la gente se manifestó con el plantel y al minuto de comenzado el partido las tribunas hervían nuevamente contra Julio Comparada, como recordándole que la ida de Menotti y Garnero no saldaban la cuota de fastidio.

Mientras, en la cancha el Rojo del Chivo Pavoni y Pancho Sá era un equipo conservador, parado de atrás hacia adelante, con pocas luces y ningún armador (la dupla técnica lo reconocería en la conferencia de prensa posterior). En cambio, había un poco más de garra, de pelea, de mostrar otra cara ya sea por amor propio o cualquier otro factor.


Cerca de la media hora Leonel Galeano recibió en el área parado como número 9, enganchó y puso el remate en un ángulo como si eso fuera lo que hace todos los días. Y corrió 60 metros para abrazarse con Sá, y gritarlo con alma y vida.

Así estaba viviendo el partido Independiente, que promediando el primer tiempo perdió a Battión y en el segundo a Mancuello, ambos por lesión. Así con garra iba y venía Tuzzio, como mostrando el camino que ya había adoptado desde hace varios partidos el Cuqui Silvera, hoy un poco más acompañado por el voluntarismo de Parra.

En la segunda parte Galeano la tuvo de nuevo, más fácil y con el arco delante, pero rompió el travesaño. Gimnasia llegó un par de veces con peligro, pero sus delanteros no acertaron al arco. Hasta que Toia dijo no va más y la euforia, que podría considerarse desmedida por el significado del encuentro, mostraba que había un desahogo que iba más allá de estos primeros tres puntos conseguidos en el Apertura.

Emiliano Penelas

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Anónimo dijo... 25 de septiembre de 2010, 03:49

¡A puro huevo! Nadie podrá reprochar falta de entrega de los jugadores. Recuperamos el sentido de la realidad, el devaluado fútbol argentino exige esto. El Ford Falcon de Boedo está primero porque supo quien era desde el principio, ojalá el ¿Siam Di Tella? de Avellaneda haya arrancado .

La Caldera del Diablo dijo... 25 de septiembre de 2010, 04:01

Muy buena comparación. ¿Auto unión?
Es sólo un partido, esperemos.
Abrazo

E