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Reproducimos el artículo de Carlos Rodríguez Duval publicado hoy por el diario deportivo Olé.


Gallego es un prisionero de su prestigio, y de su razonable autoestima, valores jaqueados ahora por la malaria del Rojo. Y tallan además sus palabras porque en la primera derrota tiró una obviedad: "Soy un ganador".

Eso es cierto. Vibra en la esencia en su personalidad, pero sus pergaminos están sometidos -como en todo DT-, al ojo clínico y oportunismo en elegir jugadores. Además, de que haya sintonía mutua: 1) que advierta con quiénes habrá ensamble y eficacia; 2) que los jugadores se adapten con el nivel necesario a su idea. Cappa parece que esa ecuación la resuelve rápido en Huracán. Gallego no aún. Pero las urgencias no se compatibilizan, a veces, con las necesidades. En su caso, aflora una acelerada etapa examinatoria en vistas a lo que vendrá. Mientras tanto, anda entre sequías y algún gol de chiripa.

Entonces, ninguna duda: Tolo es un histórico ganador. Pero también, como le recordaría Perogrullo, un dependiente de sus jugadores, y de lo azaroso del fútbol.

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