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Noche de brujas, fecha 13, todas las mufas del mundo caen sobre el Rojo, que sin embargo poco hace para contrarrestarlas. El equipo volvió a jugar mal, apenas empató con Godoy Cruz de local, y se fue insultado.



Creamos o no en las brujas, en la tradición importada de Halloween, o en ya yeta del número 13, que las hay las hay... Sólo una racha quebró Independiente ante Godoy Cruz: le convirtieron, por primera vez en el campeonato, un gol en el primer tiempo.

Pero más allá de las chanzas, lo cierto es que el Rojo no levanta cabeza, y se hunde en un juego anodino, de un nivel bajísimo y sigue acumulando resultados penosos frente a rivales a priori accesibles (el conjunto mendocino, recién ascendido, está último en la tabla del descenso y cambió de entrenador el miércoles).

Esta vez la gente demostró su falta de paciencia y varios jugadores fueron insultados. Aquí no parece haber Santoro que alcance, y los cambios, drásticos, deberán llegar más pronto que tarde, si no se quiere una debacle aún mayor.

El primer tiempo fue muy flojo lo de Independiente, con apenas algunas muestras por parte del Rolfi Montenegro, algo de Ríos, pero todo es muy poquito, muy de a cuenta gotas, demasiado pobre para pelear por algo. Godoy Cruz, simplemente estando ordenado y defendiéndose con lo poco que tiene, no sufrió sofocones importantes en casi todo el partido.

Independiente sólo tuvo, además del gol, un tiro de Moreira que frenó el arquero rival, y un cabezazo al palo de Damián Ledesma, que esta vez volvió a ser defensor... Ah, y hubo otra de Núñez, cerca del travesaño. Así las cosas, es poco lo que sigue apareciendo, y desde el banco tampoco aparecen soluciones. ¿Habrá que buscar más abajo, en inferiores? Quizás...

Para colmo, otra vez miles de errores en defensa, comenzando, o coronándose, con el gol del Tomba, a los 38' del primer tiempo, cuando Guillermo Rodríguez (evidentemente falto de fútbol, el mismo Santoro lo admitió entre semana) deja corto un pase hacia atrás, y Leandro Caruso llegó antes que Assmann para ponerla entre el arquero y el palo. Un minuto antes, el uruguayo había cometido un error similar ante la presión de Encina, pero aquella vez Assmann llegó a curbir el error.

Hablando de la defensa, Santoro sorprendió. Fredes no estuvo en el medio, y en lugar de ocupar su lugar con Ledesma o Vittor, de buen trabajo ante Tigre, prefirió sacar a Caracoche de su posición natural de central, correrlo hacia el lateral izquierdo, volver a bajar a Ledesma y pasar a Mareque como volante. Demasiado raro.

Siguiendo la crónica, terminando el primer tiempo llegó un tiro libre a favor de Independiente sobre la media luna. Ríos la tocó apenas hacia el centro para que el Rolfi Montenegro sacudiera con un potente remate bajo que pasó entre la barrera y se le metió a Ibáñez, que no pudo hacer nada. El capitán del Rojo lo gritó con fuerza.

En el segundo tiempo, Santoro sacó a Pusineri (fue táctico, dijo el entrenador) y le dio más minutos al juvenil Sergio Vittor, y después buscó más ofensiva con Patricio Rodríguez por Mareque. El Patito aporta frescura y funciona bien con el Rolfi y Núñez. Quizás sea hora de ponerlo desde el comienzo.

De todas formas, nada le alcanzó a Independiente para marcar un gol más. El mencionado cabezazo de Ledesma fue lo más cerca, pero el punto sólo avivó el enojo de la gente, que reclama más de un equipo que hasta ahora no ha dado nada. Esto no es cosa de brujas, es la realidad.

Emiliano Penelas

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