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Reproducimos este interesante artículo publicado hoy por Pablo Vignola en Diario Popular.

Hace algunos años, los dirigentes de los equipos grandes del fútbol argentino tuvieron la ventajera idea de crear un beneficio reglamentario para suplantar a las eventuales estrellas de sus equipos que fueran convocadas para la selección (nacional o extranjera). Y muchos se beneficiaron de ese artículo 225 en determinados momentos de la historia, como lo hizo Independiente en su momento para permitir que, aún suspendidos, pudieran jugar Marangoni, Clausen, Ludueña, Alfaro Moreno, el Pocho Insua y Milito, entre otros.

Los tiempos han cambiado. Hoy, Independiente recurrirá al 225 para que, en una semana y media, contra Boca, pueda jugar Damián Ledesma (5, 4 y 5, sus puntajes para Diario Popular en los partidos que jugó en el Apertura). Así son las cosas. Ese es uno de los símbolos de la pobreza que abraza la realidad del club de Avellaneda, envuelto en una crisis de identidad que reconocen todos, menos los responsables.

El técnico ataca a los que lo critican, los jugadores se quejan si les reclaman actitud y la dirigencia habla de conspiración de los árbitros justificando los reclamos y el malestar de la gente en las consecuencias del “clima electoral”. Y está claro que cuando uno no reconoce el problema, es imposible solucionarlo; si un auto no tiene el motor fundido necesita una rectificación y no creer que los demás lo pasan porque hacen trampa.

Los responsables deben analizar y hacer una profunda autocrítica (y no de puertas para adentro porque ganan dinero con una actividad pública) sobre cómo se preparó el equipo, si fue conveniente ir a una gira por Norteamérica en la recta previa a la participación en dos torneos muy exigentes, si las incorporaciones se eligieron tratando de evitar que Matheu o Herrón se vean obligados a jugar como carrileros, si era bueno incorporar tantos futbolistas lesionados, si el equipo mereció ganar alguno de los partidos que jugó por el torneo local y si mostró algo para destacar o entusiasmar a un público sediento de ilusionarse con las mismas cosas que se ilusionaba no hace mucho, cuando se pedía el 225 por el Pocho Insua o Milito. El entrenador deberá hacer un examen de conciencia para determinar que cosas que no debía aceptar aceptó y los jugadores agradecer que, pese a todo, los hinchas siguen llenando la cancha para alentarlos.

Después de eso, seguramente quedará poco margen para reaccionar contra los árbitros, echar los reproches en el cesto de la puja política o pretender que Bochini -nada menos- no opine.

Bajo ese marco, y con la renuncia virtual de Borghi a su cargo (el lunes fue a la práctica acompañado de su representante dispuesto a dar un paso al costado pero Comparada lo convenció para que siga) Independiente se embarca rumbo al partido más duro de esta primera parte de la temporada. Claro, desde los papeles, San Martín, racing y Gimnasia eran de los más fáciles...

Mientras tanto, y tras los ensayos de hoy y mañana a puertas cerradas, el plantel gozará de viernes, sábado y domingo libres. Sí, tres días de descanso.

Pablo Vignola
Diario Popular, jueves 4 de septiembre de 2008

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