Antes de la última asamblea presupuestaria, y en tiempos pre electorales en Independiente, Quique Larrousse ofrece una nueva edición de su columna "Jugar sin la pelota".
Soñar despierto en Independiente hoy es o requiere tener algo más que optimismo e imaginación. Todos sabemos que el Club la tiene cuesta arriba, pero ser hincha de una camiseta muy grande trae consigo una de las mayores certezas: que pese a todo y a todos justamente nunca dejará de ser eso: una identidad mayor. Pero para los que nunca festejaron otra cosa que una copa Sudamericana -o dos- sostener la fe en el destino del Club, es heroico. Como si fuera poco, la juventud admirable por su fuerza y tenacidad, es presionada por una suerte de pájaro carpintero: la presión inevitable de quienes tenemos años y nos pasamos la vida contándoles el anecdotario de las décadas de máxima gloria. Un picaseso verbal, gráfico y filmico Que no los alienta: los desilusiona. Ven como un imposible vivir los días de gloria que les contamos.
Se sabe que nunca nada es casual en la vida política, institucional y deportiva del Club. Los desaguisados de las dirigencias que fueron sucediéndose en más de dos décadas fueron tantos, que no vale cotejar cuál de todas fue la peor gestión: con ver dónde está ubicado el Club alcanza para reconocer la frustracion continua que nos han producido.
Recuerdos de dirigencias probas a las que tampoco les fue fácil gobernar, llegan a la memoria de los decanos y vitalicios como un oleaje de nostalgia que nunca será otra cosa. Sin embargo, pocos saben cuánto les costó a los dirigentes que llegaron a buen puerto, mantener el barco estable. Al decir que una institución tan grande tuvo la vida interna siempre agitada no exagero, porque esa misma grandeza es sustentada por una fuerte acción política. No analizaré qué circunstancias nunca desestabilizaron a una Comisión Directiva exitosa. No ayuda detenerse en ello. Pero en la historia jamás fue simple dirigir a Independiente. ¿Cuáles fueron las preocupaciones de un Herminio Sande, de Julio Grondona o de Pedro Iso? El éxito futbolistico las silenció y se fueron con ellos al descanso eterno. El mundo ya es otro. El feroz dominio del mercado por sobre lo social hizo estragos en el orden de prioridades de un club de fútbol.
Urgencias competitivas y descalabro económico van de la mano desde hace varias décadas y la sombra y peso del gran poder privatizador nublan las pocas transparencias que aún sobreviven del deporte competitivo. Pulpos cuyos tentáculos salen del pecho de cada camiseta, atan a miles de apostadores al poderoso "señor don capital". Millones de timbadores alimentan al molusco que crece cada día captando con sus ventosas al dinero virtual y arrojando su tinta sobre la multicolor pasión futbolera para que ésta siga ignorando que el cefalópodo se hará tan pronto como pueda, dueño de todo.
Dejemos de lado lo irremediable. Sabemos que el gran poder terminará con lo esencial en tanto la especie que lo creó siga con su voracidad autodestructiva. Volvamos a la maravillosa ilusión que aún nos alimenta y es salvar a Independiente de la peor crisis de su historia y reflotándolo, proyectemos la manera de volver el gigante casco a su rumbo en el mar del destino. Una elección se acerca y las aguas inician su agitación. Los dedos de una mano sobran para contar quiénes serán competitivos. Y en ese caldo electoral, esa mano gigantesca pero tan ignorante de la masa societaria, deberá sacar el nombre ganador. Los meses están apurados. La situación del Club y su fútbol, más aún. Sus finanzas ni hablar. Mientras tanto, pocos hombres jóvenes afilian su ambición directiva. Alguno por allí, sabedor que viene de años de protagonismo y es parte de la razón del fracaso. Otro por allá, ilusiona al que votará con el romanticismo de creer que el fútbol no es algo político. Y este otro busca convencer de que su cercanía al poder será la mejor alternativa. Es incierto el final de ésto. Por ahora el mar de incertidumbres domina el planeta Rojo. La falta de información es la que se repite cada cuatro años. Pero una inexorable y dura realidad desafía a los tiempos y a los hombres: hace falta mucho esfuerzo e inteligencia para que el proximo acto de elegir dirigencia, no sea otro ejercicio de fe estéril de parte del pueblo Rojo.
Quique Larrousse

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