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Independiente ganaba bien en la Bombonera con un gol de Abaldo pero en tiempo adicionado el juez Merlos, a instancias del VAR, inventó un penal para Boca y el clásico terminó en empate y con bronca para los Rojos.


Nos fuimos con bronca, y mucha, de la Bombonera. Por el arbitraje, que le priva al Rojo de lo que podría haber sido una justa victoria; por la oportunidad perdida de llevarse los tres puntos, y por lo hecho por el propio Independiente, que sigue sin mostrar fútbol. 

La noche comenó más que bien porque Maxi Gutiérrez, el elegido por Quinteros para ir desde el arranque por primera vez, llevó el ataque, jugó para Ávalos, que no llegó, y la pelota derivó en el segundo palo. Malcorra erró pero Abaldo, que llegaba por atrás, casi sin ángulo, puso su remate en el segundo palo, desguarnecido. 


En 9 minutos ganaba Independiente y frente a un rival que de entrada cuidó mucho sus habituales titulares, empezó a justificar la victoria con el buen partido del chileno, el uruguayo y Marcone luchando el medio. Sin embargo, con el correr del tiempo el local se adelantó en el campo y terminó los últimos 15' generando algunas complicaciones en el área de Rey. 

El quiebre llegó cuando se jugaban más de 50 minutos de un primer tiempo demasiado cortado. Velasco lateralizaba por el área, Valdez metió la pierna y el ex Independiente cayó. La jugada siguió, en la contra casi Pérez Curci marca el segundo y ya pasados del tiempo de descuento el VAR llama a Merlos para revisar la jugada anterior. 

Con la Bombonera enardecida, el árbitro creyó ver falta donde no la había, y marcó penal para que Giméne empate a los 55 minutos. Se acabó el primer tiempo con la polémica encendida, Quinteros discutiendo con Merlos y terminó expulsado


Ahí se acaba el análisis del partido porque en la segunda parte todo se desdibujó. Independiente fue menos de lo mismo, pareció conformarse con el empate, y Boca, aunque hio modificaciones rápidas, nunca mostró un repertorio distinto para darlo vuelta. 

En el balance no expondrá ninguna novedad, pero descarga la bronca que sentimos en la noche del sábado: el plantel de Independiente es un desastre, mal armado, sin variantes, sin suplentes, juegan los que están porque no hay otros, mezcla de veteranos de vuelta, voluntariosos, pibes y algunos que solo parecen jugar alimentados por alfalfa. 

Aun así, sin el penal que le regalaron, Boca no lo hubiera podido empatar porque al menos los jugadores que puso en cancha fueron igual de flojos, y porque colectivamente tampoco mostró ni una idea de juego. La bronca, además de la legalización de la manipulación del partio con el VAR, meclado con la imprudencia de meter la pierna con riesgo cuando un tipo está en una zona fuera de peligro a los 54 minutos. 

Quedan tres partidos, e Independiente tendrá que sumar y convencer para meterse en la definición del campeonato.

Emiliano Penelas
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