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Reproducimos la entrevista realizada por Olé con el defensor de Independiente, autor del gol de la victoria el sábado, ante Defensa y Justicia.

Son 689 kilómetros los que separan a Río Cuarto de Avellaneda. Esa es la distancia que, desde hace varios años, suele recorrer en su auto cada vez que juega Independiente. Porque Gerardo es un hincha más, uno de los tantos que atesora en su memoria los recuerdos de las épocas doradas y que derramó lágrimas con el descenso. Gerardo es fanático del Rojo. Su devoción por la camiseta no reconoce distancias ni distingue fronteras. Y es también el padre de Sergio Ojeda. El “Bocha”, que dejó a su familia a los 15 años para cumplir el sueño que su padre nunca logró alcanzar: vestir la camiseta de Independiente. “El sábado me acordé de él cuando metí el gol del triunfo. Después del partido, cuando estaba en el vestuario, se me vino todo a la cabeza. Recordé lo que sufrí cuando tuve que dejar a mi familia para irme a vivir solo a la pensión del club. Me acordé de los gritos de mi vieja, que siempre se enojaba por las malas notas que traía del colegio, pero que después se las rebuscaba para que mi viejo no se diera cuenta y me dejara ir jugar al club de mi barrio (Banda Norte), donde me formaron desde los cinco años. Y cuando mis compañeros me vinieron a felicitar por el gol me di cuenta de que al final todo el esfuerzo y el sacrificio valió la pena. Ojalá que, a fin de cuentas, el gol sirva para ascender”, le cuenta el defensor a Olé , el día después de haber sellado el triunfo del Rojo con un potente cabezazo.

-¿Cómo fue el festejo después del partido? 
-Mi viejo pasó por mi departamento y celebramos juntos comiendo un gran asado. Mi mamá, Cristina, no pudo venir, pero a la noche me llamó por teléfono llorando y terminamos muy emocionados. Y cuando me estaba por ir a acostar porque estaba muerto, me llamó mi abuela, Cleris, para decirme qué le había parecido el partido.

-¿Cómo es eso? 
-Sí, mi abuela debe ser la más futbolera del país. Sabe mucho, incluso más que varios de los hombres de la familia. El sábado no pudo venir porque hace dos semanas la operaron del corazón, y si bien me felicitó por el gol, después siempre me dice que estuve flojo en algunos cierres. Siempre me marca algo...

-¿Y la tomás en cuenta? 
-Sí, porque sabe. Y lo digo en serio. En su casa nunca vas a escuchar a Tinelli porque se mira fútbol durante todo el día. Se sienta en el living y pone los partidos de la B Nacional, la B Metro, sabe cómo forman los equipos, cómo juegan los rivales a los que vamos a enfrentar nosotros. Coincidimos en que no nos puede volver a pasar lo que nos pasó el sábado.

-¿A qué te referís? 
-No podemos volver a empezar un partido como lo hicimos ante Defensa. En los primeros minutos nos manejaron la pelota, nos superaron, nos llegaron mucho. Después demostramos fortaleza anímica para darlo vuelta. Lo que pasa es que es difícil jugar en esta situación, a todos nos cuesta asimilar lo que estamos viviendo. A la gente también. Por eso cada gol es un desahogo.

Favio Verona
Diario Olé

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