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El Rojo perdió su segunda final en un mes, y la tercera Copa en lo que va del año. Con un pésimo planteo táctico, fue superado por el Inter en el Beira Río por 3 a 1. Cuando especulaba con llegar al alargue, un penal lo dejó afuera de todo.

Encontrar las razones por las que perdió la Recopa Independiente puede costar mucho tiempo o poco, según las ganas que uno tenga de hacer memoria sobre los desaciertos generales que se produjeron en los últimos tiempos, y acá queda abierto el período que cada uno desea.

Un mal planteo táctico hizo que el Rojo estuviera perdiendo por dos goles cuando no habíamos llegado a la media hora de juego. Leandro Damiao, el jugador del que toda la prensa hablaba, parecía un completo desconocido para la defensa de los Diablos, que sólo llegaron a verle el número de su camiseta.

Gabriel Milito, perdón Mariscal, debe haber jugado uno de sus peores partidos en el Club. Poco ayudaba por esa banda Maxi Velázquez, que dejaba pasar todo lo que andaba dando vuelta por su lateral. Independiente perdía en todas las líneas. No podía hacer pie en el mediocampo, estaba desbaratado en defensa y no llegaba a inquietar en ataque.

Irse al descanso con dos goles abajo fue un milagro para un equipo que no daba la talla del encuentro. Todas las caras indicaban en el entretiempo que una andanada de goles podía desatarse en el segundo tiempo.

Sin embargo, Mohamed movió el banco y desde el vestuario metió a Iván Vélez por Iván Pérez. El Rojo se encontró con el milagro de un gol cuando Maxi Velázquez definió apenas iniciada la etapa y le dio vida al equipo. Allí sucedió lo que no se esperaba. Independiente avanzó en el campo, dominó la zona media y encerró al Colorado sobre su propia área. En una jugada con varios rebotes casi empata el partido, y los ánimos de llegar a mejor puerto renacieron.

Eso fue solo una brisa. Pronto, con su gente pero sobre todo con fútbol, el local se adelantó nuevamente y se aprovechó de un nuevo quedo del Rojo, otra vez replegado.

Ya sin piernas, el Turco demoraba los cambios, quizás pensando en el alargue. Pero la poca movilidad de Osmar Ferreyra, o la falta de piernas que evidenciaba Pellerano pedían variantes que no llegaban.

La sumatoria de errores individuales, que incluyeron a la inseguridad que por momentos transmitió Hilario Navarro, hizo que el Malevo pierda una pelota en un lateral, Milito desatendiera la marca y el correntino cometiera un penal (discutido por TV, pero enorme en la cancha) a sólo minutos del final.

El tercer gol del Inter fue un mazazo que decretó el partido. Aunque se vinieron dos cambios juntos, el tiempo escaseaba. El Rojo tuvo sus chances sobre la hora. Marco Pérez estuvo cerca de la hazaña, pero era todo un arresto de voluntades sin timón.

Fácil será caerle al Turco, sus errores tuvo, pero también deberán considerarse los desaciertos dirigenciales que formaron una plantilla que no estuvo a la altura de las competiciones internacionales que la historia le puso delante, y un grupo de jugadores que no parecieron sentir la responsabilidad de estos encuentros.

Atrás quedaron tres copas, contando la temprana eliminación en la Libertadores. Muy pobre para la historia del Rojo.

Emiliano Penelas

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Anónimo dijo... 28 de agosto de 2011, 10:02 p.m.

Los jugadores dieron todo lo que tenian, los dirigentes trajeron a la "estrella" del Barcelona que desde que llegó fué el delantero más peligroso de los contrarios y el planteo táctico estuvo acorde con la realidad de enfrentar a un equipo que se sabía de antemano era claramente superior a Independiente. Aún asi de no ser por errores de Milito y Navarro, no perdíamos.

La Caldera del Diablo dijo... 29 de agosto de 2011, 9:31 p.m.

Milito no era el refuerzo que Independiente necesitaba. Que los jugadores dieron todo, supongo que es así, pero que el plantel es pobre y está mal balanceado también.
Abrazo

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