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A esta altura del Apertura, ver un partido de Independiente da lástima. En lugar de darle continuidad a las pocas cosas que hizo bien en el semestre, el Rojo se esmera para exponer todas sus carencias sin vergüenza y ni siquiera ofrece su alma para compensar. El encuentro con Quilmes era una oportunidad clave para aprovechar el envión del pasaje a octavos de la Sudamericana, pero apenas se pudo empatar sin goles como local contra otro de los peores del torneo. ¿Hace falta decir algo más?

Un puñado de segundos de visualización en el Libertadores bastó para detectar los severos errores en el planteo confeccionado por Garnero. Ante un rival como el Cervecero, que apostó por dos líneas de cuatro y tenía defensores altos, era fundamental atacar con apertura y asociaciones por las bandas. Pero la estrategia del Dany fue totalmente opuesta y errada, porque se priorizó la centralización metódica y los envíos frontales.

A pesar de haber sido importante en los dos últimos encuentros, el Patito Rodríguez arrancó en el banco y el equipo se quedó sin ese cambio de ritmo que tanto precisa. Y si Gracián no está bien físicamente, ¿por qué sigue jugando? En tanto, Godoy debió desplazarse hacia la banda derecha por el retorno de Battión y se perdió toda salida por ese sector, más allá del esfuerzo de Tuzzio. ¿Por qué apurar el regreso del ex Banfield si Godoy había rendido como único cinco?

Pero no sólo se prescindió de la habilidad del Patito y de un volante derecho de ida y vuelta. También se regaló la franja izquierda por la falta de decisión de Maxi Velázquez y la insólita posición de Mareque, que se alejó de la banda para transitar todo el campo y centralizar los avances con su bocina. Quilmes se aprovechó de ese movimiento del ex River y le hizo el 1-2 a Velázquez con Caneo y Aránguiz en el complemento. ¿Por qué se demoró en cambiar este problema que casi cuesta dos puntos?

Buscarle explicaciones a esta delicada situación es un trabajo arduo que los protagonistas deben hacer de manera urgente. El predio de Villa Domínico tendrá que ser el escenario de una reunión entre todos para hacer una verdadera autocrítica. No se puede regalar prestigio y menos aún con descaro. Ya revienta la retina de ver tanto individualismo, desconcentración, falta de ideas y planteos tácticos horrendos.

MR
Columna "Paladar negro", TyC Sports.com

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