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El 10 de Independiente fue la figura excluyente del Rojo ante Central. El Rolfi, goleador del campeonato, la viene rompiendo en un equipo que no lo acompaña.


Muchos, increíblemente, todavía parece que quieren discutirlo como jugador. Sin embargo, el Rolfi Montenegro no para de dar muestras cabales de que en este Independiente no sólo es fundamental, sino que es el único capaz de romper el destino de un partido, de armar una jugada colectiva, de encarar una defensa o desequilibrar a un rival con un par de toques.

Su actuación de ayer fue magistral, no sólo por los tres goles (como si eso no bastara para el calificativo) sino porque sigue demostrando calidad, toque y distinción en un equipo que se cae a pedazos en todas las líneas y que de vez en cuando encuentra en los pies de este jugador alguien que es distinto y se contagia.

La tarde en el Ducó se parecía cada vez más a la noche no sólo porque el Rojo no lograba dar pie con bola sino porque la lluvia, impiadosa, hacía que los que fuimos a la cancha de Huracán nos preguntáramos una y mil veces qué hacíamos sufriendo en ese calvario futbolístico. El 10, por suerte, nos dio los motivos para pensar que en una de esas no fue en vano pescarse un principio de gripe.

Ovación en su salida

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