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El primer tiempo fue todo de Independiente, pero no supimos definirlo. En el segundo, se notó más la falta de fútbol: el Rojo es medio equipo sin el Rolfi. Demasiada expectativa para tan poco partido.

Denis se escapa a la marca de Menghi. El delenatero fue de lo mejor del Rojo.

Independiente no supo ganarlo, y racing no quiso perderlo. Ahí, en esa síntesis está lo que fue el partido que deparó más expectativa en mucho tiempo, con las ganas de toda la gente que copó el Amalfitani para festejar un triunfo que lo hubiera dejado al Rojo con un pie en las copas sudamericanas y al eterno rival a un paso de la Promoción.

Desde el primer minuto de partido, en cada saque de arco, lateral o tiro libre, se notó que racing tenía un objetivo: no perder el encuentro, y apostar a que el tiempo pase. Por su parte, si bien Independiente tenía más voluntad y empuje, la falta de un armador de juego claro no tardó en evidenciarse. Borghi, que esperó hasta último momento a Daniel Montenegro, no pudo incluirlo en la formación inicial, y las razones quedarían esgrimidas en el segundo tiempo, cuando a veinte minutos de haber ingresado, el Rolfi tuvo que irse nuevamente al banco por un tirón en la pierna.

El Rojo es Montenegro-dependiente, mal que le pese al resto de los jugadores y a los entrenadores que trataron de minimizar la importancia del 10 en el plantel. Para colmo, con Grisales lesionado, las alternativas que quedaron fueron pocas. Machín no es su reemplazante y Fredes definitivamente no puede cumplir la función de quien debe crear juego y abastecer a los delanteros.

Sosa en su peor momento, por lejos, cubrió la cuota de paciencia a los quince minutos del primer tiempo. Eso fue lo que tardaron en bajar los primeros murmullos hacia el delantero que desde hace rato ha dejado de exhibir su mejor nivel. Denis era entrega total, corriendo de un lateral al otro, luchando y también jugando.

Lo mejor de Independiente en ese primer tiempo vino por el lado del Tanque, y de la solvencia que están exhibiendo partido a partido Guillermo Rodríguez desde el fondo de la cancha y Lucas Pusineri en el mediocampo. También fue efectivo Matheu, y Damián Ledesma, aunque a veces peca de ser extremadamente lento y traslada demasiado la pelota, puso claridad abriendo la cancha.

Fredes tuvo algunos destellos, y casi abre el marcador con un tiro que pasó apenas afuera. Luego fue una gran jugada de Denis quien habilitó a Sosa. Éste no le dio al arco, y su pase fue demasiado débil y abierto, por lo que el Tanque, entrando nuevamente por atrás, llegó con lo justo y no pudo empujar al gol. El Rojo era más y también llegaba de cabeza, con los centrales ganando en el área visitante.

Mientras el Rojo desperdiciaba ocasiones claras para ponerse arriba (el primer tiempo debió ser un 2 a 0 para Independiente), racing no generó ninguna llegada a pesar de las ventajas que por los laterales daban Mareque y Moreira. El primer tiro al arco de la academia llegó a los 20 minutos del segundo tiempo...

Rodríguez, Matheu y Sava, en una jugada poco ortodoxa

Precisamente en la segunda etapa los hinchas del Rojo esperaban el ingreso de Montenegro, que se demoró 8 minutos. Hacía falta un jugador como él y cuando entró parecía que las cosas iban a cambiar, aunque evidentemente el Rolfi no estaba en su mejor forma física. Luego de un tiro libre en el que Fredes se la toca a un costado sintió nuevamente una molestia y en la jugada siguiente pidió el cambio. Con dos delanteros en cancha (Cristian Ledesma había ingresado por Sosa, que se fue abucheado) sólo había lugar para el ingreso -nuevamente- del reaparecido Sebastián Carrizo.

Por el lado de racing, si bien pudo llegar al gol cuando avanzó por el lateral y generó peligro con Sava, cuando conectó un centro con la punta del botín y la pelota dio en el travesaño. Hasta ahí llegaron las aspiraciones de ambos, y se bajó la cortina. A partir de la salida del Rolfi Independiente se dio cuenta que no podía ir más y sus avances eran cada vez más desprolijos. La academia, sin la amenaza del 10 en cancha, pudo respirar más tranquilo y se dedicó a aguantar el partido.

El cero pintó un pálido final para demasiada expectativa previa y deseos de irse de Liniers con tres puntos que hubieran significado un festejo grande.

Emiliano Penelas

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