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El Club de Avellaneda finalizó un mercado de pases en el que se desprendió de piezas vitales con el torneo iniciado, en medio de manejos poco claros

Aquel domingo 2 de octubre de 2022, había sol pleno. Las colas serpenteaban las calles internas de Avellaneda, con miles de personas que intentaban llegar hasta Mitre 470, la sede social de Independiente, con un objetivo único: erradicar a Camioneros (Hugo y Pablo Moyano y Héctor Yoyo Maldonado) de la institución, tras dos períodos de gobierno, el último con gravísimos errores. Las elecciones, que habían sido pospuestas por un sinfín de jugarretas judiciales oficialistas, finalmente se habían llevado a cabo con asistencia récord: casi 16.000 socios eligieron a la alianza que, se estimaba de antemano, más apoyo reunía. De esta manera, Independiente se libraba de los Moyano con un variopinto trinomio: Fabián Doman, Néstor Grindetti y Juan Marconi, bajo un paraguas denominado Unidad CAI. 

En medio de la efervescencia, la foto de los ganadores mostraba rostros largamente conocidos en el Rey de Copas, gente que había estado en las gestiones anteriores: Cristian Ritondo, Fernando Sciaccaluga, Jorge Damiani, Carlos Montaña, Daniel Seoane... Cuando terminó de caer el papel picado, empezaron las dudas. Y con el carro andando, los melones no se acomodaron: rápidamente, la ilusión del hincha se empezó a derrumbar como un castillo de naipes. 

Empezando por el presidente, Doman, un hombre sin más mérito que ser una cara conocida, que ante la primera falta de garantías (¿dejaron de pagarle un sueldo?) pegó el portazo: duró 6 meses en su cargo y nunca dio explicaciones claras de por qué se fue. Un poco más esperó Marconi para irse, otros ocho meses. El periodista era un outsider y se lo hicieron saber de entrada los que cortan el bacalao: “Gracias por habernos ayudado con votos, pero esto lo manejamos nosotros”. En el medio, Grindetti, por entonces intendente de Lanús y abocado a la candidatura para gobernador de Buenos Aires por Juntos por el Cambio. “Me cayó como peludo de regalo”, dijo, tras recibir la presidencia por la renuncia de Doman. 

Casi cuatro años pasaron de aquella tarde en la que todo era esperanza para el hincha. En el medio, una gestión penosa que termina envuelta en sospechas. Si deportivamente el ciclo comenzó con desatinos, finaliza bordeando la mala praxis: a punto de jugarse la fecha, Independiente vendió al goleador (Ávalos), a su mejor central (Lomónaco) y a la figura de ataque (el chileno Gutiérrez). Con números que alcanzan para tapar baches. Y cerró el mercado de pases reemplazándolos por ningún futbolista. Cero. Ventas que, además, sólo sirven para cubrir deudas; por pases no pagados o con los mismos jugadores vendidos. 

Queda claro, por ejemplo, en el anuncio oficial del pase de Ávalos a Olimpia de Paraguay. Dice Independiente: “Se incluye la cancelación total de la tercera cuota y de un porcentaje de la cuarta y última cuota correspondiente a la transferencia de Zabala, así como también compromisos futuros que el club mantenía con el propio Ávalos, alcanzando una suma total de USD 950.000 por todo concepto”. 

En el caso de Lomónaco, Independiente anuncia que la venta a Elche se hace por 5,5 millones dólares. Y aclara que en la misma entra la deuda que el club mantenía con el club español por el pase de Marcone. No aclara cuánto (se habla de 1,5 millones) ni tampoco dice que el resto de la plata es para cubrir lo que se le debe a Bragantino, club del que llegó Lomónaco a Avellaneda, y que también posee un porcentaje del pase. Aunque, según publicó LaLiga, el pase fue mediante el pago de la cláusula de rescisión...

En octubre de 2022, el puntapié inicial en el fútbol anticiparía lo que vendría: echaron al DT en funciones (Falcioni) para ir a buscar otro que tenía trabajo y al que no pudieron conseguir (Quinteros). ¿Qué pasó?: contrataron a un ayudante de campo, sin experiencia: Leandro Stilitano. Los refuerzos que se acumularon en ese primer mercado de pases hablan por sí solos: Damián Pérez, Sarrafiore, Cuero, Kevin López, Luciano Gómez, Mulet, Báez, Barcia, Cauteruccio... Apenas Rodrigo Rey y la apuesta de Matías Giménez Rojas sobrevivieron al tiempo. 

Ante la impericia de Doman y Grindetti en materia futbolística y la intrascendente labor de Pablo Cavallero (el director deportivo que llegó con esta gestión y que duró menos de un año), apareció en escena el Grupo Champagne (así llamado por su preferencia por las burbujas), compuesto por empresarios, nuevos ricos y advenedizos. Ellos se encargaron de tejer alianzas con representantes para fortalecer al plantel. Mientras los fracasos pasaban a la par de los técnicos (a Stilitano le siguieron Zielinski y Tevez), crecieron las relaciones con Grupo Pachuca y con un exfutbolista uruguayo devenido empresario llamado Uriel Pérez, responsable de la empresa ‘De 9 Fútbol’ y cuyo representado más importante fue Enzo Fernández. Los primeros (propietarios de Pachuca en México, Oviedo en España y Everton en Chile) ayudaron a destrabar el conflicto con América de México para empezar saldar la pesada deuda por el pase de Cecilio Domínguez a mediados de 2023. Paralelamente, se produjo la venta de Sergio Barreto a Pachuca. Coincidencias.

Con Uriel Pérez la cuestión fue más a fondo. El empresario uruguayo se convirtió en un hombre de la casa. Se lo conoció durante la conflictiva salida de Domingo Blanco en 2022 -gestión Moyano- y ya con el Grupo Champagne al frente empezó a tener mayor presencia. Sobre todo a partir de su vínculo con Seoane, dirigente que está al frente de los mercados de pases y a quien ya el público elige como destinatario de los insultos durante cada partido de local.

En el fútbol, en general, una de las mecánicas en la relación con los representantes es la siguiente: a cambio de hacer que se concrete la llegada de un futbolista requerido se devuelven favores contratando a otros que no estaban en los planes. Así como de la mano de Uriel Pérez llegaron Gabriel Ávalos, Santiago Montiel, Matías Giménez Rojas y Federico Mancuello, entre otros, también acordó con Independiente la incorporación de Rodrigo Fernández Cedrés, Alexis Canelo, Juan Manuel Fedorco, Ignacio Maestro Puch o Franco Paredes (por quien, según pudo averiguar LA NACION, el cuerpo médico del Rojo había sugerido que no se lo contratara por su tendencia a lesionarse). 

Según comentan por los pasillos del estadio, Pérez hizo y deshizo a placer. Como Fedorco no jugaba con Vaccari, le consiguió un préstamo en Puebla, de México; así, le hizo lugar en Independiente a Paredes, a quien ya había querido llevar en el ciclo Tevez. Otra: Maestro Puch llegó a préstamo de Atlético Tucumán. Jugó poco, apenas hizo un gol. Ello no fue obstáculo para que Independiente le comprara el pase... para darlo a préstamo. Primero a San Martín de San Juan, luego a Puebla, donde en lo que va de 2026 jugó... cuatro partidos. 

En un contexto de crisis total, donde hubo que afrontar deudas pesadísimas (la mencionada con América se levantó, en parte, gracias a la colecta organizada por el influencer Santiago Maratea en 2023), la gestión deportiva continuó ineficiente: Independiente compró caro y vendió poco y barato y/o en condiciones difíciles de comprender. Felipe Loyola, uno de los pocos aciertos deportivos del ciclo, fue transferido a Pisa: “La operación se realizó a préstamo por 6 meses, con un cargo de €1.300.000 y un bono de €200.000 por objetivos. También tiene una obligación de compra de €5.500.000 por el 70% del pase, en caso que participe en 5 partidos con su nuevo equipo. Por último, se acordó una opción de compra por el 30% restante cotizada en €4.250.000″, explicó Independiente. Un intríngulis.

En el veranito del primer semestre de 2025, cuando de la mano de Julio Vaccari Independiente llegó a semifinales del torneo local, Loyola era uno de los futbolistas a vender a la par de Kevin Lomónaco, figura esencial de la defensa que hasta había sido convocado a la selección argentina. Pero no vieron venir el conflicto con el colombiano Álvaro Angulo, que peleado con Seoane exigió que lo vendieran a Pumas de México. En una nebulosa quedaron los términos de su contratación; también, su salida. Apenas, que fue moneda de cambio por Ignacio Pussetto, hoy a préstamo en Huracán.

Otra constante fue el desgaste entre el Grupo Champagne con los técnicos de turno por los refuerzos. Lo padeció Tevez, lo sufrió Vaccari y eclosionó de la peor manera con Gustavo Quinteros. Pocas veces hubo consenso. A la lista de deseos que presentaba cada DT la respuesta era boicotear las negociaciones para luego poder imponer otros nombres. Eso fue lo que llevó al choque frontal con Quinteros. Forzaron el desgaste y propiciaron el despido. 

¿Las pruebas? El DT habló de una lista de 15/20 futbolistas que le pasó a la dirigencia. Quinteros era la barrera que impedía que Seoane y compañía incorporan los nombres que ellos pretendían. A partir de la salida del DT, llegaron Franco Calderón (sin rodaje en Chile) y Chimy Ávila (en el tramo final de su carrera). Poco antes habían colado a Imanol Machuca, un delantero que carga una suspensión de la FIFA hasta noviembre. En un acto de sincericidio, Ávila declaró sobre su llegada a Independiente: “Mi representante es muy amigo de Dany (Seoane)”. Su representante es, cuándo no, Uriel Pérez.

A esas alturas, Independiente ya tenía DT. Mitad brasileño, mitad uruguayo, Jadson Viera apareció sin que nadie lo esperara. De discretísimo currículum, fue rápidamente presentado para conducir lo que queda del año. ¿Quién lo acercó? ¡Bingo!: Uriel Pérez. [Llamó la atención que en la foto oficial de firma del contrato no había ningún dirigente con el flamante DT]. 

La inesperada llegada de Jadson Viera cierra un ciclo muy malo, aunque en consonancia con cómo se inició: un plantel corto y devaluado más un DT que después de diciembre podrá agregar en su currículum que dirigió en Independiente. 

Fueron cuatro años en los que sólo una vez se logró llegar a un torneo internacional (con lo necesario que es en cuanto a ingresos), y del que fue expulsado escandalosamente por inoperancia dirigencial: la bárbara noche del partido con la U de Chile, por la Copa Sudamericana, que no sólo dejó un imagen espantosa que dio vuelta al mundo, sino que conlleva sanciones deportivas y económicas de impacto mayúsculo a futuro.

Las elecciones están a la vista y aún no hay proyectos serios sobre la mesa. Pero la certeza del socio es que regresa el clima de octubre de 2022: con un club que sigue endeudado a futuro, con un plantel pobre y una conducción deportiva a la deriva, el principal acto reflejo será evitar que -esta vez, sí- ninguno de los que llevaron al club a este lugar vuelvan a aparecer escondidos -o a la vista- en el futuro gobierno.

Diego Mazzei

Diario La Nación, sábado 5 de septiembre de 2026 


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