Independiente tuvo una muy mala noche ante Vélez y cayó 1 a 0 frente a un conjunto qué lo superó en todos los aspectos y le ganó con los juveniles. Poca actitud, menos juego y nada de oficio en un Rojo que además no pudo sostener el encuentro desde lo físico.
Mala noche de Independiente en Liniers, frente a un Vélez que le mostró todo lo contrario a lo que el Rojo pretende ser. El Fortín fue un equipo ágil, convencido de que podía ganarlo y actitudinalmente predispuesto a hacerlo.
Además, le metió pibes de 17 y 18 años que hicieron la diferencia, que expusieron las fallas del armado de Quinteros, su materia prima y su concepción dentro del terreno de juego.
Tras un primer tiempo irregular, donde Montiel exhibió algo de su desparpajo y no mucho más, en la segunda parte el técnico mandó a Valdéz a la cancha en lugar de Abaldo. Faltó físicamente, el juvenil dio muchas ventajas en un lateral qué también quedaba mal cubierto en la defensa.
Con el correr de los minutos el equipo pareció fundido, y sin señales de parte de Montiel, Gutiérrez o Zabala. Pero el técnico no cambia porque no confía en sus propios jugadores, y prefiere seguir con lo que tiene.
Entre pelotazos, solo tuvo una situación con Millán, y pagó cara una muy mala marca de Lomónaco y una floja respuesta de Rey ante el cabezazo de Aguirre, jugador de Reserva de 17 años que cabeceó a voluntad y puso el 1 a 0.
Mucho para corregir, desde todos los aspectos, para seguir sumando en la tabla anual y en la zona.
Emiliano Penelas

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